"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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miércoles, 31 de agosto de 2011

Homilia Festividad de San Ramón Nonato - 31 de agosto de 2011 - Cardenal Jorge Mario Bergoglio


Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en la Festividad de San Ramón Nonato (31 de agosto de 2011)

Como leemos, por el bautismo somos constituidos en familia. Las dos lecturas de hoy son un poco sombrías. En el Evangelio Jesús dice: A ustedes que son mi familia yo los mando, pero cuidado, que los mando como ovejas en medio de lobos; sabemos que los lobos no le hacen precisamente caricias a las ovejas sino que se las comen… Por eso Jesús nos dice: “Ojo que yo las mando ahí, sean astutos”… No compren buzones… Sean astutos y sencillos con la simplicidad del Evangelio pero eso no les quita la obligación de ser astutos. Y la primera lectura del Libro de la Sabiduría recuerda la historia de José a quien sus hermanos, por envidia, venden. La figura de José preanuncia, de alguna manera, la figura de Jesús “vendido” y llevado a los tribunales y crucificado. Me pregunto como en el día de hoy, que es el día de la vida, en que Jesús nos dice: “Ustedes que son mi familia, estas dos lecturas nos marcan un sesgo de muerte.

Es muy claro el mensaje: Sabé que si no cuidás la vida, vas camino a la muerte. El mensaje es: Cuidá la vida, sé astuto. Cuidá la vida que es indefensa, que es pequeña y que va creciendo. Y también como una buena familia que somos, cuidá la vida que se está yendo. Cuando un pueblo se olvida de cuidar a sus niños y de cuidar a sus ancianos, empezó a ser un pueblo en decadencia, es un pueblo triste. Cuando en una familia se olvidan de acariciar al anciano, ya anida la tristeza en el corazón. Cuando en una familia el corazón no se alegra con las mil y una travesuras que hacen los chicos y no cuidan a esos chicos, ya nació la tristeza en ese corazón; por eso hoy venimos a pedir la gracia de no ser una familia triste, de no ser un pueblo triste… Cuidar la vida! Cuidar la vida! Y en todo su desarrollo: cuidar la alegría de los chicos y la sabiduría de los ancianos.

Hacer crecer a los chicos por el camino del bien, con el ejemplo, marcándoles metas, dándoles ejemplos y poniéndoles límites. Cuidar a los ancianos para que ellos puedan darnos la sabiduría que han añejado a lo largo de su vida… ¡Que cosa linda, no! Eso es familia de Dios! Eso es ser ovejas que nos va a defender el Señor… pero si no cuidamos la vida los lobos nos comen a pedacitos, si no cuidamos la vida somos un pueblo indefenso, una familia indefensa. Cuidar la vida de los chicos, cuidar la vida de los ancianos… “Este viejo o esta vieja ya no sirve para nada”… Bueno, no sé… pongámoslo en un depósito… Ustedes saben que hay depósitos para viejos…pongámoslos en un depósito y que terminen ahí…A veces se oye esto.

Mi abuela nos contaba un cuento cuando éramos chicos. Decía que en una familia el abuelo se había enfermado y envejecido mucho, entonces cuando comía se babeaba porque además le temblaba la mano; entonces el papá explicó que de ahí en más el abuelo iba a comer solo y compró una mesa para que pudiera comer el abuelo solo en la cocina y así poder invitar amigos a comer en familia sin tener que pasar la vergüenza de ver a su padre babeándose. Todos dijeron: “está bien”. Un día el papá llega del trabajo y encuentra a su hijo de 4 o 5 años jugando con un cajón de manzanas y un martillo, trabajando, haciendo cosas y le pregunta: “Que estás haciendo?”, y el hijo le contesta: “Una mesa papá!”. Y el padre le pregunta: “Para qué?”, a lo que el hijo le contesta: “Para que cuando vos seas grande, puedas comer en ella!”. Lo que sembrás vos con tu ejemplo es lo que vas a cosechar de tus hijos!!! Cuidá a los viejos, cuida la vida de los viejos porque eso es ser familia! Y no entres en la moda de que a los viejos se los guarda y se los desprecia. Cuida a los chicos. Enseñales a crecer bien para que sean retoños llenos de vida, que den flor y fruto en la vida.

Y en esto de mirar a los chicos, hoy no me puedo hacer el desentendido de cuántos chicos son víctimas de la maldad, cuantos chicos son arrancados del seno de sus familias para ser explotados vaya a saber dónde. Todos leemos en los diarios y vemos en los medios el caso de Candela, que no es un caso sino que son cientos de casos de chicos que desaparecen y vaya uno a saber a dónde van! Posiblemente a engrosar las redes de los tratantes! Las redes de los tratantes… chicos que son vendidos como carne fresca vaya a saber donde… En la oración inicial, pedíamos de hacer nuestras las opresiones de los demás, por eso miremos a esta nena que no sabemos dónde está, miremos la cantidad de nenes y nenas que han seguido la misma suerte y no sabemos donde están! Clamemos al cielo. Esto pasa en nuestra gran familia. Hay lobos que roban a nuestros chicos: algunos los roban imponiendo una manera de ser, una cultura que los desgasta de la sociedad; otros los roban para explotarlos, como suponemos es en este caso o para negociar con ellos mediante rescate. Lo que sea. Ese corazoncito de chica robada, de chico robado ¡Que desamparo siente!

Por eso hoy tomemos estas dos lecturas que tienen algo de luto, algo de tristeza y pidámosle al Señor la gracia de no llegar a ser un pueblo triste, porque cuidamos a nuestros chicos y cuidamos a nuestros ancianos. Tengamos también presente a los ancianos que no son cuidados, que son abandonados y que entran a formar parte de la cultura del volquete porque son descarte para muchos. Ancianos del descarte… Pidamos por ellos, para que el Señor les consuele el corazón y sean para nosotros alegría de sabiduría. Y pidamos también por los chicos que son usados, para cualquier fin, hasta llegar al caso como el que mencioné, en el que son arrancados del seno de sus familias para ser usados. Somos la familia de Dios, seamos solidarios con los padres y las familias de estos chicos usados. Seamos solidarios con los ancianos que llevan en el orillo la marca de descarte. Pidamos la gracia de cuidar a nuestros chicos y ancianos para no ser un pueblo triste.

Que así sea.

Cardenal Jorge M. Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, Miércoles 31 de agosto de 2011.

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