"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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miércoles, 27 de julio de 2011

Homilia Fiesta Patronal Santuario San Pantaleón - 27 de julio de 2011 - Cardenal Jorge Mario Bergoglio


Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires en el santuario de San Pantaleón con motivo de su fiesta patronal (27 de julio de 2011)

A Jesús le gusta comparar el Reino de Dios, que él vino a fundar e instituir, con la semilla, con una planta que crece. Varias veces en el Evangelio lo hace; y este pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar también se refiere a eso. La bondad del Reino de Dios es como la buena semilla, la semilla que da vida, la que engendra un árbol de vida. Dice por ejemplo … la semilla de la mostaza que es muy chiquita pero cuando crece hasta los pájaros vienen a hacer su nido. Todo vida. O la semilla del trigo… pero hay que sembrar. Y su palabra es Palabra de Vida, palabra que hace crecer, semilla que hace crecer. Pero también en otra parábola dice una cosa curiosa que de noche, a escondidas, en la oscuridad (cuántos corazones hay en tinieblas, en la oscuridad!), siembran la mala semilla.. Jesús dice: Siembran la cizaña, que es semilla de muerte, de destrucción, de desunión. Por ejemplo en el barrio cuando hay alguna persona que va de casa en casa sacándole el cuero a los demás, decimos: “Esta siembra cizaña”, o no? Acá hay alguno que siembra cizaña? No? Porque esa es semilla de muerte. Y cada vez que tenemos ganas de hacerle mal a otro, en nuestro corazón estamos preparando la semilla de cizaña y Jesús en esa parábola dice que los que pertenecen a Dios siembran trigo, los que pertenecen al malo (al demonio) siembran cizaña; es curioso eso son los discípulos del demonio, en cambio los discípulos de Jesús siembran trigo, es decir, la semilla del bien.

Y todos tenemos en la mano la posibilidad de sembrar una u otra. Ahora que lindo! Cuando sembramos la semilla del bien no nos tenemos que preocupar de lo que va a pasar porque el Evangelio dice: “el que siembra la semilla en la tierra, sea que duerma o se levante, de noche o de día, la semilla germina sola y va creciendo”. Es Dios el que da el crecimiento del bien, o sea, un acto bueno como cuidar un enfermo, atender una persona triste o cualquier otra acción humana, es Dios el que las hace crecer y multiplicarlas. En cambio, el que siembra cizaña ya sabemos que lo que obtiene como resultado es la desunión, el odio, la fragmentación del barrio y la familia, del trabajo, siempre andar con cuentos para desunir… no es cierto?... Eso es obra del demonio.

En este santuario desde hace 50 años se viene a sembrar buena semilla. Semilla de deseos de ser mejores; semillas de deseos de salud; y les confieso que a mi me impresiona cuando en el momento de la bendición se invita a que cada uno piense o nombre a aquél que está pidiendo la salud, se escucha un murmullo de nombres para quienes queremos que la buena semilla vaya a fructificar en salud. Este es un santuario de siembra. Y cuantas veces vemos que en la cola hay lágrimas… y gente que viene a pedir por salud u otros problemas graves que hacen sufrir… Y también vemos en la cola gente que esta sonriendo porque viene a dar gracias; porque esa semilla que sembró con su oración, dio sus frutos… Decíamos en el Salmo: “Los que siembran entre lágrimas, cosecharán cantando.” El que siembra la buena semilla, aunque enseguida no le vaya bien, a la larga termina alegre y cantando porque su planta, su pedido, dio fruto bueno.

Este es el santuario de la siembra de la buena semilla. Con lagrimas. Con buenos deseos. Con sonrisas de agradecimiento. Pero acá se siembra la buena semilla. Por eso una de las cosas que hay que dejar en la puerta, que no puede entrar, es la bronca: si uno le tiene bronca a otro, eso lo tiene que dejar afuera porque es mala semilla, es cizaña! Acá tenés que entrar con trigo, con buena semilla! “Pero Padre, a mí fulano me hizo esto, esto y aquello y aquel otro me hizo esto otro y…”… Bueno, eso dejalo afuera para que lo tenga el diablo pero vos entrá a hablar con Jesús, con San Pantaleón, con la buena semilla de perdonar y de que crezca lo que estas pidiendo. Si nosotros nos acostumbramos a dejar afuera los canastos de cizaña que a veces uno va recogiendo en la vida para sembrar, dejando que se pudran solos, como cambiaría la vida! como cambiaría la familia! como cambiaría el barrio! como cambiarían los lugares de trabajo! Sembrar buenas semillas aunque sea con lágrimas porque vamos a terminar cantando de alegría. Y a la mala semilla déjenla afuera.

En este santuario, tierra fértil para la buena semilla, pidámosle a Dios la gracia de sembrar la buena semilla y que nuestro corazón siempre prefiera sembrar el trigo, y cuando venga el diablo a ofrecernos semilla más barata (la del odio, el rencor, la división, del deseo del mal al otro…) digámosle:”Acá no! Andá a venderla en la otra cuadra!” … Está claro eso?!? Qué tipo de semilla venimos a sembrar acá!?! Más fuerte porque no oigo nada… la semilla de la cizaña?? Esa no, muy bien! Y donde la dejamos?? Afuera, muy bien. Que se la lleven con la basura y la quemen. Pero nosotros venimos con la buena semilla. Y les hago una pregunta más difícil: la buena semilla siempre es alegre o a veces es dolorosa? A veces es dolorosa… pero si tenemos la esperanza de sembrarla en el amor de Dios, dará buen fruto aunque no lo veamos. Por ahí no lo vemos pero lo verán nuestros hijos, los vecinos, nuestros compañeros de trabajo, la gente del barrio… ellos son los que verán los frutos buenos.

No nos desalentemos: aunque estemos llorando de dolor por un problema de salud, sembremos la buena semilla de la petición y digamos: “Señor, dame este favor y también dáselo a todos lo que necesitan”. Hagámoslo con el corazón ensanchado y de la otra semilla olvidémonos. Que así sea.

Cardenal Jorge M. Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires

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