"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
jueves, 29 de junio de 2023
martes, 11 de junio de 2013
San Bernabé, 11 de junio
La
historia de San Bernabé está escrita en el libro de Los Hechos de los apóstoles, en la
S. Biblia.
Antes se llamaba José, pero los apóstoles le cambiaron su
nombre por el de Bernabé, que significa "el esforzado", "el que anima y
entusiasma".
Era judío, de la tribu de Leví, pero nació en la isla de
Chipre. Se hizo muy popular en la primitiva Iglesia porque vendió las fincas que tenía y
luego llevó el dinero que obtuvo y se lo dio a los apóstoles para que lo repartieran a
los pobres.
Un mérito formidable de San Bernabé es el haber descubierto
el gran valor que había en aquel recién convertido que se llamaba Saulo y que más tarde
se llamaría San Pablo. Cuando después de su conversión Saulo llegó a Jerusalén, los
cristianos sospechaban de él y se le alejaban, pero entonces Bernabé lo tomó de la mano
y lo presentó a los apóstoles y se los recomendó. Y el será el que lo encaminará
después a emprender sus primeras grandes labores apostólicas.
La S. Biblia, en el libro de los Hechos de los Apóstoles,
hace de Bernabé unos elogios que es difícil encontrarlos respecto de otros personajes.
Dice así: "Bernabé era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo"
(Hechos 11, 24).
Cuando Saulo o San Pablo tuvo que salir huyendo de Jerusalén
porque los judíos trataban de asesinarlo, se fue a su ciudad de Tarso, y allá se quedó
un tiempo. Mientras tanto en la ciudad de Antioquía había sucedido algo muy especial. Al
principio los discípulos de Jesús solamente predicaban el Evangelio a los israelitas,
pero de pronto algunos empezaron a enseñar las doctrinas cristianas a los paganos en
Antioquía, y resultó que aquellas gentes respondieron de una manera admirable y se
convirtieron por centenares. Al saber esta noticia, los apóstoles lo enviaron desde
Jerusalén a que se informara de lo que allí estaba sucediendo y les llevara noticias.
Bernabé se quedó encantado del fervor de aquellos paganos convertidos y estuvo con ellos
por un buen tiempo animándolos y acabando de instruirlos. En aquella ciudad fue donde por
primera vez se llamó "cristianos" a los seguidores de Cristo.
Entonces se le ocurrió a Bernabé la feliz idea de dirigirse
a Tarso a invitar a Saulo a que se le uniera en el apostolado en Antioquía y éste
aceptó con gusto.
Desde entonces Bernabé y Saulo trabajaban asociados
ayudándose en todo el uno al otro, y obteniendo resonantes triunfos. Por todo un año
predicaron en Antioquía, cuidad que se convirtió en el gran centro de evangelización,
del cual fueron saliendo misioneros a evangelizar a diversos lugares.
Por aquel tiempo hubo una gran hambre en Jerusalén y sus
alrededores y los cristianos de Antioquía hicieron una colecta y la enviaron a los
apóstoles por medio de Bernabé y Saulo. Ellos al volver a Jerusalén se trajeron a
Marcos (el futuro San Marcos evangelista) que era familiar de Bernabé. Venía a ayudarles
en la evangelización.
Un día mientras los cristianos de Antioquía estaban en
oración, el Espíritu Santo habló por medio de algunos de ellos que eran profetas y
dijo: "Separen a Bernabé y Saulo, que los tengo destinados a una misión
especial". Los cristianos rezaron por ellos, les impusieron las manos, y los dos,
acompañados de Marcos, después de orar y ayunar, partieron para su primer viaje
misionero.
En Chipre, la isla donde había nacido San Bernabé,
encontraron muy buena aceptación a su predicación, y lograron convertir al cristianismo
nada menos que al mismo gobernador, que se llamaba Sergio Pablo. En honor a esta notable
conversión, Saulo se cambió su nombre por el de Pablo. Y Bernabé tuvo la gran alegría
de que su tierra natal aceptara la religión de Jesucristo.
Luego emprendieron su primer viaje misionero por las ciudades
y naciones del Asia Menor. En la otra ciudad de Antioquía (de Pisidia) al ver que los
judíos no querían atender su predicación, Bernabé y Pablo declararon que de ahora en
adelante les predicarían a los paganos, a los no israelitas, con lo cual los paganos
sintieron una inmensa alegría al saber que la nueva religión no los despreciaba a ellos
sino que más bien los prefería. Allí en Iconio estuvieron a punto de ser apedreados por
una revolución tramada por los judíos y tuvieron que salir huyendo. Pero dejaron una
buena cantidad de convertidos y confirmaron sus enseñanzas con formidables señales y
prodigios que Dios obraba por medio de estos dos santos apóstoles.
En la ciudad de Listra, al llegar curaron milagrosamente a un
paralítico y entonces la gente creyó que ellos eran dos dioses. A Bernabé por ser alto
y majestuoso le decían que era el dios Zeus y a Pablo por la facilidad con la que hablaba
lo llamaban el dios Mercurio. Y ya les iban a ofrecer un toro en sacrificio, cuando ellos
les declararon que no eran tales dioses, sino unos simples mortales. Luego llegaron unos
judíos de Iconio y promovieron un tumulto y apedrearon a Pablo y cuando lo creyeron
muerto se fueron, pero él se levantó luego y curado instantáneamente entró otra vez en
la ciudad.
Después de todo esto Bernabé y Pablo se devolvieron ciudad
por ciudad donde habían estado evangelizando y se dedicaron a animar a los nuevos
cristianos y les recordaban que "es necesario pasar por muchas tribulaciones para
entrar en el Reino de Dios" (Hechos 14, 22).
Al llegar a Antioquía se encontraron con que los cristianos
estaban divididos en dos partidos: unos (dirigidos por los antiguos judíos) decían que
para salvarse había que circuncidarse y cumplir todos los detalles de las leyes de
Moisés. Otros decían que no, que basta cumplir las leyes principales. Bernabé y Pablo
se pusieron del lado de los que decían que no había que circuncidarse, y como la
discusión se ponía acalorada, los de Antioquía enviaron a Jerusalén una embajada para
que consultara con los apóstoles. La embajada estaba presidida por Bernabé y Pablo. Los
apóstoles reunieron un concilio y le dieron la razón a Bernabé y Pablo y luego pasaron
horas muy emocionantes oyéndoles contar las formidables aventuras de sus viajes
misioneros.
Volvieron a Antioquía y dispusieron organizar un segundo
viaje misionero. Pero Bernabé quería llevar como ayudante a su primo Marcos, y Pablo se
oponía, porque Marcos les había abandonado en la mitad del viaje anterior (por miedo a
tantas dificultades). Y así fue que se separaron y Bernabé se fue a acabar de
evangelizar en su isla de Chipre y San Pablo se fue a su segundo viaje. Más tarde se
encontraron otra vez como amigos misionando en Corinto (1 Cor. 9,6).
martes, 14 de mayo de 2013
San Matías, Apostol, 14 de mayo
Matías significa: "Regalo de Dios".
Este es el apóstol No. 13 (El 14 es San Pablo). Es un apóstol "póstumo" (Se llama póstumo al que aparece después de la muerte de otro). Matías fue elegido "apóstol" por los otros 11, después de la muerte y Ascensión de Jesús, para reemplazar a Judas Iscariote que se ahorcó. La S. Biblia narra de la siguiente manera su elección:
"Después de la Ascensión de Jesús, Pedro dijo a los demás discípulos: Hermanos, en Judas se cumplió lo que de él se había anunciado en la Sagrada Escritura: con el precio de su maldad se compró un campo. Se ahorcó, cayó de cabeza, se reventó por medio y se derramaron todas sus entrañas. El campo comprado con sus 30 monedas se llamó Haceldama, que significa: "Campo de sangre". El salmo 69 dice: "su puesto queda sin quién lo ocupe, y su habitación queda sin quién la habite", y el salmo 109 ordena: "Que otro reciba su cargo".
"Conviene entonces que elijamos a uno que reemplace a Judas. Y el elegido debe ser de los que estuvieron con nosotros todo el tiempo en que el Señor convivió con nosotros, desde que fue bautizado por Juan Bautista hasta que resucitó y subió a los cielos".
Los discípulos presentaron dos candidatos: José, hijo de Sabas y Matías. Entonces oraron diciendo: "Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cual de estos dos eliges como apóstol, en reemplazo de Judas".
Echaron suertes y la suerte cayó en Matías y fue admitido desde ese día en el número de los doce apóstoles (Hechos de los Apóstoles, capítulo 1).
San Matías se puede llamar un "apóstol gris", que no brilló de manera especial, sino que fue como tantos de nosotros, un discípulo del montón, como una hormiga en un hormiguero. Y a muchos nos anima que haya santos así porque esa va a ser nuestra santidad: la santidad de la gentecita común y corriente.
Y de estos santos está lleno el cielo: San Chofer de camión y Santa Costurera. San Cargador de bultos y Santa Lavandera de ropa. San Colocador de ladrillos y Santa Vendedora de Almacén, San Empleado y Santa Secretaria, etc. Esto democratiza mucho la santidad, porque ella ya no es para personajes brillantes solamente, sino para nosotros los del montón, con tal de que cumplamos bien cada día nuestros propios deberes y siempre por amor de Dios y con mucho amor a Dios.
San Clemente y San Jerónimo dicen que San Matías había sido uno de los 72 discípulos que Jesús mandó una vez a misionar, de dos en dos. Una antigua tradición cuenta que murió crucificado. Lo pintan con una cruz de madera en su mano y los carpinteros le tienen especial devoción.






