"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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lunes, 9 de julio de 2012

Homilía en la misa por la celebración de los 400 años de la Provincia Franciscana de la Asunción - 9 de julio de 2012 - Cardenal Jorge Mario Bergoglio

Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la misa por la celebración de los 400 años de la Provincia Franciscana de la Asunción (Basílica de San Francisco, Buenos Aires, 9 de julio de 2012

 "A mí me impresiona siempre este pasaje del Evangelio (Lc. 1,39-47), las primeras palabras...

"María partió y fue sin demora..." se fue enseguida, no perdió tiempo, la Virgen apurada. Apurada para prestar un servicio a quien lo necesitaba, para ayudar sin hacer cálculos, podría haber calculado, bueno, al fin y al cabo, -le mando un mensaje de felicitación- quedo bien, además estoy embarazada, todas las excusas que frenan la caridad. Y ésta se apuró. Estaba apurada porque tenía adentro un impulso muy grande.

Anterior a este pasaje, cuando le anuncian que va a ser madre, ella se sorprende. Dios la sorprende. La sorprende con algo que no esperaba, algo que no buscaba y se dejó sorprender. Abrió su corazón en la sorpresa y de ahí surge el apuro. La Virgen sorprendida y la Virgen apurada. Y cuando después de casi dos días de camino, llega al destino, a la casa de su prima, la primera bienaventuranza del Evangelio. ¡Feliz vos porque creíste! La Virgen feliz. Feliz porque se dejó sorprender. Feliz porque se apuró a servir, feliz porque creyó. Y todo esto en medio de una contradicción. Una Virgen embarazada, una vieja embarazada, casi ya al fin de su embarazo. El Dios de las contradicciones, el Dios que escribe derecho en líneas torcidas. El Dios que se abanica con los cálculos humanos, que está más allá, el Dios que nos busca todos los días para sorprendernos y que nuestro amor propio, nuestro egoísmo, soberbia, trata de calcularlo todo, cerebralmente para no ser sorprendidos. Esta mujer tenía las armas bajas, no se defendió de la sorpresa, se dejó sorprender.

Esa mujer no se justificó de la vocación, de salir corriendo apurada, porque se dejó endulzar, y esta mujer no le tuvo miedo a la felicidad porque creyó. Y si pensamos en nuestra vida, éste es un programa de vida, "dejate sorprender por Dios", "no te defiendas de Dios", "entregate a la sorpresa de cada día", "no retacees para mañana, la ayuda y el servicio que Dios te pide hoy". No negocies con la incredulidad barata ese hombre y mujer de fe.

En esta celebración de hoy, esta actitud de María, nos puede remitir también a Francisco. Francisco fue "esclavo de la sorpresa", nunca dejó que Dios lo sorprendiera, se entregó a la sorpresa. Fue esclavo del servicio, del servicio más difícil, el de la fraternidad. Fue hombre de Fe. En esta celebración de los 400 años de la Provincia, le podemos pedir a Él, que le pida a la madre, a nuestra Madre, la apurada, la sorprendida, la creyente, que le pida que esta Provincia, que puede decirse vieja por los 400 años, renovada por la capacidad de sorprenderse, renovada por el apuro en el servicio, sobre todo el servicio fraternal y renovada por la fe, no permita que sea vieja, sino añeja como el buen vino. Ustedes hoy van a renovar los votos, cada uno quizás recordará cuando hizo los primeros, las ilusiones que había, no sé, cada uno sabe lo que tenía en el corazón aquel día. Pasaron los años y los golpes, y hay moretones y puede haber mil cosas, mil cosas que a todos nos pasan.

Yo les sugiero como hermano, "déjense sorprender", cuando renueven los votos, déjense sorprender por la novedad, entonces ya no dirán "tengo tantos años de profesión...", sino "mirá como me fui añejando en los años, entre el pecado y la gracia, entre la incredulidad y la fe, entre el egoísmo y el servicio, entre el control y la sorpresa. Les deseo esto hermanos, a ustedes, deséenmelo para mí".

Que así sea.

Card. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires

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