Solo San Lucas inserta
a Juana en el grupo de mujeres itinerantes que seguían a Jesús, colaborando con
él en la obra evangelizadora de la diakonía
o servicio económico de asistencia: “Jesús caminaba por los pueblos y aldeas
predicando y anunciando el reino de Dios.
Iban con él los doce y
algunas mujeres que habían liberado de malos espíritus y curado de
enfermedades: María llamada Magdalena, de la que había expulsado siete
demonios, Juana mujer de Cusa, administrador de Herodes, Susana y otras muchas
que le asistían con sus bienes” (Lucas 8,1-3).
El mismo evangelista
coloca a Juana, junto a María Magdalena, en el grupo de las mujeres que al
rayar el alba del domingo volvieron al sepulcro de Jesús con aromas que habían
preparado para ungir su cuerpo (Lucas 24,10).
Esto es lo único que
sabemos de Juana, mujer agradecida por el hecho de haberla liberado el Señor de
una enfermedad.
San Lucas nada nos dice
de su marido Cusa salvo que era administrador o ministro de finanzas de Herodes
Antípas, tetrarca de Galilea. De Herodes Antipas sabemos que era hijo de
Herodes el Grande perteneciente a la estirpe idumea, descendiente de Esaú, hijo
de Isaac (Génesis 25,25).
Herodes el Grande es el
que dio la orden “de matar a todos los niños de Belén y de todos los que
tuvieran menos de dos años” (Mateo 2,16). Herodes Antipas heredó de su padre
una parte del reino, la tetrarquía de Galilea (Lucas 3,1) y estableció su corte
en Tiberíades, a orillas del lago de Galilea.
Juana parece que vivió
en Tiberíades una espléndida vida cortesana. Si de Herodes el Grande sabemos
que tenía un harén, de su hijo Herodes Antipas sabemos que se hizo notar por
haberse enamorado de una mujer, Herodías, esposa de su hermano Filipo.
Este hecho fue
condenado en diversas ocasiones por Juan Bautista que decía a Herodes Antipas:
“No te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Marcos 6,18) y por eso
“Herodías detestaba a Juan” (Marcos 6,19). Para vengarse aconsejó a su hija
pedir, no la mitad del reino, sino la cabeza de Juan (Marcos 6,17-29); (Mateo
14,3-12).
La tradición dice que
la decapitación de Juan acaeció en la fortaleza de Maqueronte, en la orilla
oriental del Mar Muerto, en la región de la Perea, hoy en Jordania. No sabemos
si Juana estaba presente en la escena macabra de presentar la hija a la madre
la cabeza de Juan.
Herodes Antipas había
oído hablar, sin duda alguna, de la predicación de Jesús y sus milagros, como
había sido la curación de Juana, mujer de su ministro de finanzas. Parece que
Herodes había intentado matar también a Jesús ya que el evangelio nos dice que
en aquel tiempo “se acercaron unos fariseos (a Jesús) y le dijeron: Sal,
márchate de aquí porque Herodes quiere matarte. Jesús les dijo: Vayan a decir a
ese zorro: Sabe que expulso demonios y realizo curaciones hoy y mañana y al
tercer día acabaré. Por lo demás, hoy, mañana y pasado tengo que continuar mi
viaje porque es impensable que un profeta pueda morir fuera de Jerusalén”
(Lucas 13,31-33)
Durante los días de la
Pasión del Señor, Herodes Antipas se encontraba en Jerusalén, y Pilato al
cerciorarse que Jesús era de la
jurisdicción de Herodes, se lo envió, aprovechando la oportunidad. Herodes se
alegró mucho de ver a Jesús y esperaba verle hacer algún milagro (Lucas
23,7-9). Ahora bien, como Jesús no respondió a sus preguntas, Herodes “lo
despidió y rió de él; le puso un vestido de color llamativo y se lo devolvió a
Pilato” (Lucas 23,9-12).
San Lucas, describiendo
el trágico fin de Herodes, dice que “murió roído de gusanos” (Hechos 12,23).
Según la mentalidad de aquella época había un vínculo casi automático entre
pecado y enfermedad. Más grande era el pecado y más repugnante la enfermedad. A
tener en cuenta que Herodes Antípas contaba con un elevado número de crímenes
en su activo.
Los evangelios nos
hablan de otro funcionario real de la corte herodiana atraído por la
personalidad de Jesús. El funcionario partió de Cafarnaún a Caná de Galilea
para suplicar la curación de su hijo que estaba gravemente enfermo. Jesús le
contestó: “Vuelve a tu casa, tu hijo ya está bien. El padre creyó en lo que
Jesús le había dicho y se fue” y su hijo vivió (Juan 4,46-54).
Los Hechos de los
Apóstoles recuerdan a otros miembros de la familia de Herodes, como Herodes
Agripa I, nieto de Herodes el Grande, rey de Judea del año 41 d.C. al 44. Fue
quien, para agradar a los judíos, hizo matar a Santiago hijo de Zebedeo, y
encarceló a Pedro en su palacio situado en la puerta de Jafa, Jerusalén. Pero
el ángel del Señor le libró milagrosamente y Pedro salió de la cárcel a casa de
Marcos.
Otro Herodes
relacionado con la Iglesia naciente es Herodes Agripa II y sus hermanas
Berenice y Drusila, los tres, hijos de Herodes Agripa I, Drusila, mujer del
gobernador romano Félix, se dirigió a la prisión donde estaba Pablo en Cesarea
Marítima para informarse sobre el “camino cristiano” (Hechos 24).
En otra ocasión Herodes
Agripas II, junto con su hermana Berenice, fue a escuchar a Pablo. El
Apóstol aceptó hablar en la sala de
audiencias de Cesarea y habló de tal manera que Herodes Agripas le confesó:
“Por poco me convences para que me haga cristiano. Y Pablo replicó: “Quisiera
Dios que, por poco o por mucho, no solo tú sino todos los que me escuchan hoy
llegaran a ser lo que soy yo, aunque sin estas cadenas” (Hechos 26,28-29).
Pablo se encontraba en
Cesarea esperando embaucarse en una nave para ir a Roma a defenderse, pues
había apelado al César.
La teóloga protestante
Elizabeth Moltamann Wendal cree que la relativa benevolencia y las medidas
simpáticas de la familia herodiana hacia Jesús y su doctrina puede que
provenían de la presencia de Juana, mujer de Cusa, en la corte de los Herodes.
(*) Pía
Compagnoni
Fuente: Revista Tierra Santa Nº 756 páginas 119 a 123
5 comentarios:
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