"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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sábado, 29 de septiembre de 2012

Biblia:¿Quién era la serpiente del Paraíso?



Una víbora que habla
Hay un enigma que siempre ha intrigado a los lectores de la Biblia, y que tiene que ver con el relato del pecado original: es el de la serpiente que tentó a la mujer en el Paraíso. ¿Quién era realmente?

El Génesis afirma que se trataba de un simple animal de campo, uno más de los que Dios había creado (Génesis 3,1). Pero poco después vemos que la serpiente conversa con Eva. ¿Cómo pudo hablar, si era una víbora? ¿Y cómo podía tener una inteligencia superior a la del hombre (Como dice en Génesis 3,5)? No puede ser, evidentemente, un animal real. ¿Quién era entonces?

Algunos sostienen que sí era un animal real pero que estaba poseído por el Diablo para engañar a Eva. Pero si la serpiente era sólo un instrumento del Diablo, ¿Por qué Dios la castiga a ella haciendo que se arrastre sobre su vientre y coma polvo por el resto de su vida (Génesis 3,14), en vez de castigar al Diablo?

Una segunda creencia, la más común entre los lectores de la Biblia, es que aquí la serpiente no era un animal real sino un símbolo del Diablo, una imagen, un disfraz literario del autor para referirse a este ser maligno, que fue quien en realidad tentó a nuestros primeros padres en el Paraíso.


El disfraz del Diablo
Pero esta solución choca con una gran dificultad, y es que en ninguna otra parte del Génesis se lo nombra al Diablo. Más aún, el Diablo (O Satanás, que es lo mismo) es un personaje desconocido para los autores de los libros bíblicos más antiguos; por eso jamás aparece en el Pentateuco, ni en los libros históricos, ni en los libros proféticos. ¿Cómo podía conocerlo el autor de este capítulo del Génesis? Los actuales estudios bíblicos afirman, por lo tanto, que aquí no se trata del Diablo.

Un tercer grupo de pensadores sostiene que la serpiente no es ningún personaje concreto, sino un símbolo de los malos deseos y de los placeres sensibles. Así, el pecado original habría consistido en una transgresión de tipo sexual, y la serpiente no sería más que un símbolo sexual. Por eso se insiste tanto en que Adán y Eva “estaban desnudos”

Pero esta hipótesis es inadmisible, pues el mismo Génesis dice que Dios santificó y bendijo el matrimonio cuando le ordenó a la primera pareja: “Sean fecundos y tengan muchos hijos, llenen el mundo y gobiérnenlo” (Génesis 1,28). No hay, pues, connotaciones sexuales en el pecado original.

¿Quién es entonces esta serpiente?


¿Y todo por una manzana?
El enigma de la serpiente nos lleva a un segundo problema: ¿qué pecado cometieron Adán y Eva en el Paraíso?

Popularmente se responde que comieron una manzana prohibida. Pero conviene notar, ante todo, que en ninguna parte del relato se menciona manzana alguna. ¿De dónde salió la idea de esta fruta?

Esto viene de cuando la Biblia solo estaba escrita en latín. En efecto, en esta lengua manzana se escribe “Malus”, y mal se dice “Malum”. Y como Adán y Eva comieron el fruto del mal (malum), se pensó que habían comido una manzana (malus). Hoy, que las Biblias ya no están solo en latín sino en castellano, vemos que no comieron una manzana sino “un fruto” malo.

Volvamos, pues, al planteo. ¿Por comer un simple fruto Dios los mortificó con semejantes castigos? Si fuera así, lo que sucedió en el paraíso no fue sino ¡un fatal error gastronómico!

Pero como sabemos que la serpiente es un símbolo (ya que no puede tratarse de un animal real), también el fruto prohibido tiene que ser simbólico. ¿Pero símbolo de qué? Si aclaramos quién es la serpiente, descubriremos también cuál fue el pecado del paraíso.


¿Quién era la serpiente?
Lo primero que debemos tener en claro es que la serpiente simboliza a algún personaje o realidad entendible para los lectores de aquella época, porque si no, éstos se habrían quedado sin comprender el mensaje.

Ahora bien, por los modernos estudios bíblicos y arqueológicos sabemos que la serpiente, en aquella época era el símbolo de la religión cananea que los israelitas encontraron al entrar en la Tierra Prometida.

¿Por qué los cananeos emplearon como símbolo de la divinidad a la serpiente, cuando para nosotros es un animal dañino y peligroso? Porque los pueblos antiguos veían en ella tres cualidades:

Primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento.

Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y

Tercero: Transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y vista permanente hacían de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas.

Por eso el Génesis la presenta como “el más astuto de todos los animales del campo” (Génesis 3,1).

Estas tres características hicieron de la serpiente el símbolo de la sabiduría, la vida eterna y la inmortalidad, no solo entre los cananeos sino en muchos otros pueblos, como los egipcios, los sumerios y los babilonios, que empleaban la imagen de la serpiente para simbolizar a la divinidad que adoraban, cualquiera sea ella.

Una religión más seductora
¿Y qué les sucedió a los israelitas con la religión cananea? Para entenderlo es necesario tener en cuenta las circunstancias históricas por las que atravesaron.

Los hebreos fueron durante siglos un pueblo nómada. Desde la época de Abraham, que vivió alrededor del año 1800 antes de Cristo, el Dios que los acompañaba siempre era el Dios del desierto, de las montañas, de lo desolado y agreste. Era un Dios trashumante, que viajaba y se movilizaba junto con el grupo o el clan a todas partes, a fin de protegerlos de los peligros que entrañaban este tipo de vida.

El Dios de los hebreos era, pues, especialista en los problemas del desierto: los cuidaba en el caso de ataque de tribus enemigas (Éxodo 17,8), los ayudaba a encontrar agua entre las rocas (Éxodo 17,1), los guiaba para hallar alimento en medio del páramo (Éxodo 16), enviaba plagas contra los pueblos opresores (Éxodo 7,1), se mostraba poderoso y terrible en los truenos y rayos (Éxodo 19,16-19), velaba por la justicia y el orden en el campamento (Éxodo 21,22).

Y Dios amparaba con tanta delicadeza a su pueblo, que durante el día se transformaba en una inmensa nube (para taparles el sol), y durante la noche en una columna de fuego (para iluminarlos en la oscuridad) (Éxodo 13,21).


Nueva oferta religiosa
Y durante seiscientos años (entre el 1800 y el 1200 antes de Cristo) el Dios de Israel fue un excelente acompañante y protector del pueblo. Pero a partir del año 1200 las cosas empezaron a cambiar. Los israelitas entraron en la tierra prometida, en Canaán, y se encontraron con la población local, es decir, los cananeos, mucho más evolucionados y desarrollados que ellos.

Ahora bien, los cananeos llevaban siglos instalados en la tierra, y por lo tanto eran completamente sedentarios, conocían muy bien la agricultura, y vivían de los frutos del campo, de las viñas y del producto de sus ganados.

El dios de ellos se llamaba Baal y, por supuesto, era el dios que les proporcionaba las lluvias, las cosechas y la fertilidad de los campos. La forma más común con que lo representaban era la de una serpiente, símbolo de la vida y de la inmortalidad.

Baal tenía una compañera, la diosa Asherá, diosa del amor y de la fecundidad. Y según las creencias cananeas, Baal y Asherá mantenían permanentes relaciones para asegurar la fecundidad de la tierra, de los rebaños y de los seres humanos. Por eso todas las fiestas religiosas cananeas estaban relacionadas con la cosecha.


La habitación de los dioses
En un principio la religión cananea no significó ningún problema para los israelitas. Ellos tenían en claro que sólo Yahvé era su Dios, el que los había sacado de Egipto y los había acompañado a lo largo del desierto, durante años, cuidándolos y protegiéndolos.

Pero a medida que pasaban los años y se iban sedentarizando, los hebreos empezaron a dudar de que Yahvé les fuera útil. Este Dios, originario del desierto, -se preguntaban- ¿entendería de las lluvias, los trabajos del campo y de la cría del ganado? Este Dios solitario, sin esposa ni experiencia en la fecundidad, ¿podrá ayudarlos a ellos ahora, en su nueva tarea de agricultores? ¿No sería preferible dejarlo y acudir a alguien con mayor experiencia en materia de cosechas, como eran Baal y su esposa?


Había que actualizar a Dios
Además, la religión cananea era muy sencilla y fácil de cumplir. Consistía exclusivamente en ceremonias rituales. No incluía ninguna exigencia moral, ni compromiso personal, ni conversión alguna, ni obligaba a practicar la justicia, el amor o el respeto a los demás. Bastaba con la prostitución sagrada, un rito mágico y supersticioso para agradar al dios y obtener la bendición de las cosechas. Semejante religión es más agradable que las duras exigencias de la Ley de Dios.

Es fácil, pues, imaginar el serio peligro que la religión cananea comenzó a significar para los hebreos, herederos de la austera religión de Moisés.

Fue así como, poco a poco, si bien Yahvé siguió siendo el gran Dios nacional, a la hora de asegurar la fertilidad del suelo y la regularidad de las lluvias empezaron a volverse hacia la serpiente, símbolo de Baal. Comenzaron a visitar sus templos, a participar de sus ritos, y a introducirse furtivamente en las chozas de las prostitutas sagradas durante las grandes fiestas.

El culto a las divinidades de la fertilidad fue, durante siglos, una permanente tentación para los israelitas. A veces con más fuerza, otras con  menos, lo cierto es que Baal y Asherá terminaron seduciendo a los israelitas, que  honraban a Yahvé, pero rendían culto apasionado a Baal y Asherá.


Por escuchar a la serpiente
Así estaban las cosas, cuando un escritor anónimo del siglo X antes de Cristo decidió escribir un relato (nuestros actuales capítulos 2 y 3 del Génesis), para denunciar los peligros que estaba ocasionando la religión cananea entre sus hermanos israelitas. Según él, la sociedad toda (representada en Adán y Eva) debería estar viviendo en un Paraíso.

Y sin embargo vivía en medio de injusticias, hambre, dolores, muerte.

Y la causa de todos estos males no era otra que la serpiente, la religión cananea, que llevaba al pueblo a refugiarse en meros ritos exteriores y a olvidar las elevadas exigencias de la Ley de Dios. A buscar la protección de Dios y la felicidad no a través de una vida moral, justa, honesta, al servicio a sus hermanos, sino mediante meras prácticas fetichistas.

¿Y por qué dice el autor del Génesis que la serpiente lleva a “comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”? En hebreo decir “bien y mal” equivale a decir “todas las cosas”. Y como una de las prácticas cananeas consistía en consultar a los adivinos y hechiceros para conocer las cosas futuras, algo inaudito para un buen israelita que sabía que el futuro del hombre está sólo en manos de Dios y no de un adivino, al pecado del Paraíso lo describe como el de pretender “conocer el bien y el mal”, es decir, todo el futuro del hombre.


La serpiente y Satanás
El autor del Génesis quiso referirse a los males que en su sociedad estaba ocasionando la religión cananea. Si presenta este pecado como cometido en los orígenes, es para decirle a los lectores que ese pecado (el de seguir a la religión cananea) está en el origen, en la raíz, en la base de todos los otros males sociales. Y les advierte sobre las posibilidades futuras (las de construir un Paraíso), que se están perdiendo por su mal proceder.

Con el transcurso de los siglos desapareció la religión cananea, y entonces la serpiente perdió si primitivosentido y pasó a ser para la mentalidad judía un símbolo del mal, del adversario divino, del pecado.

Cuando en el exilio de Babilonia, siglos más tarde, los israelitas conocieron la figura de Satanás o Diablo, la identificaron con su antiguo símbolo del mal, la serpiente del Paraíso.

Y por eso, novecientos años después del Génesis, el libro de la Sabiduría dice sin problemas: “Por envidia del Diablo entró la muerte en el mundo”, (Sabiduría 2,24). Esta es la primera vez que la serpiente del Paraíso, que en el Génesis representaba a la religión cananea, aparece identificado con el Diablo. Y desde entonces esta idea se popularizó entre nosotros.

También el Apocalipsis, cuando habló del Dragón (es decir, el poder político enemigo de Dios), dice que es el Diablo y la Serpiente (12,9; 20,2). Todo enemigo de Dios será, desde ahora, el Diablo y la Serpiente.


Nuestra serpiente
El autor del Génesis supo encontrar una respuesta a los grandes males de su tiempo. Descubrió que la pobreza, las injusticias sociales, los problemas laborales, los dramas familiares, la vida misma del pueblo, podrían ser distintos si no anduviesen detrás de aquella serpiente.

Denunció, así, la inexcusable responsabilidad de la gente frente a las miserias que vivían. No era voluntad de Dios la tragedia que envolvía a la sociedad, sino que se debía a que los israelitas se habían volcado hacia la religión de los cananeos. Y peor aún, ellos no parecian percatarse ni ver la gravedad. La serpiente era una voz seductora que, sin que el pueblo se diera cuenta, lo llevaba a abandonar la Ley de Dios, perdiéndose en el marasmo de la magia y de una religiosidad meramente exterior y fetichista.

Hoy el Génesis nos invita a descubrir lo mismo. A hacer una lista de los males que nos rodean, y tomar conciencia de que también a nosotros, subrepticiamente, se nos está colando una serpiente, que con voz seductora habla a nuestro pueblo, a nuestra gente, a nuestros gobernantes, a nuestros dirigentes, para alejarnos de la Ley de Dios. Que nos lleva a construir una sociedad mezquina, de miseria, de opresión, de injusticias, de niños abandonados, de mujeres sometidas, de hombres sin trabajo, de corrupción social, insolidarios, mientras nos sentimos religiosos porque practicamos devociones y ritos exteriores.

Descubrirla a tiempo es el gran desafío. Para desenmascararla, para no escucharla más. Para que por fín amanezca el Paraiso.

P. Ariel Alvarez Valdés

domingo, 23 de septiembre de 2012

Temas Biblicos: Los símbolos de la serpiente

Juan Pablo II en el monte Nebo
En Occidente se habla de las serpientes de la envidia y de la calumnia, es decir, lenguas de serpiente, en Oriente, en cambio, este reptil está considerado como benéfico.

Su veneno forma parte de algunas preparaciones farmacéuticas. La célebre farmacia de San Salvador en Jerusalén guarda un vaso con la inscripción THERIACA, destinado a recoger el veneno de una víbora de Palestina.

No todas las serpientes son venenosas. En las Filipinas sólo seis de las 135 especies de serpientes conocidas inoculan veneno.

Animal sagrado en Oriente
En Oriente se aprecia a la serpiente por creerla en contacto con lo divino y está asociada a las nociones de vida y sabiduría. Es el animal más astuto, capaz de vivir entre las rocas, de trepar por los muros y de estar en contacto con las fuerzas misteriosas de la tierra. Cuando en primavera se escama parece que adquiere vida nueva. En la leyenda oriental de Gilgamesh, héroe asirio en búsqueda de la inmortalidad, es la serpiente la que roba el árbol de la vida y rejuvenece.

La serpiente en el Oriente Medio
El faraón de Egipto lleva sobre su tiara el uraeus, pequeña serpiente que era símbolo de la realeza. Esculapio, el dios de la medicina, se le ve representado por una serpiente cuyo veneno servía de medicina. Mercurio, el mensajero de los dioses, está figurado por un caduceo o vara, rodeado de dos serpientes, simbolos de la paz. El culto a la serpiente estaba extendido por todo el Oriente Medio.

La serpiente en la Biblia
El culto a la serpiente está atestiguado en el libro de los Números cuando el autor sagrado habla de la serpiente de bronce que los israelitas erigieron en el desierto:

“Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”. Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrazadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: “Fabrica una serpiente abrazadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado. (Números 21, 4-9).

Es más el culto a la serpiente de bronce fue introducido en el Templo de Jerusalén, a la que se ofrecían sacrificios, y esto hasta la reforma de Ezequías quien “Hizo desaparecer los lugares altos, rompió las piedras conmemorativas, taló el poste sagrado e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta esos días los israelitas le quemaban incienso; se la llamaba Nejustán.” (2 Reyes 18,4).

En el relato biblico de la tentación de Adán y Eva aparece la serpiente que les promete la vida: “La Serpiente dijo a la mujer: “No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes comande ese árbol, se les abriran los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal”. (Génesis 3, 4-5).

Se dice que la serpiente es astuta, arum en hebreo. Arum es el término usado también en el libro de los Proverbios para describir al sabio (Pr. 12,16; 13, 16).

El episodio de la serpiente de bronce elevada por Moisés en el desierto está profundizado en el libro de la Sabiduría:
Incluso cuando se desencadenó sobre tu pueblo el furor terrible de animales furiosos, y ellos perecian por la mordedura de serpientes huidizas, tu ira no duró hasta el extremo.
A manera de advertencia, fueron atribulados por poco tiempo teniendo ya una prenda de salvación para que recordaran el mandamiento de tu ley; en efecto, aquel se volvia hacia ella era salvado, no por lo que contemplaba, sino por ti, el Salvador de todos.
Así demostraste a nuestros enemigos que eres tú el que libra de todo mal; ellos murieron por la picadura de langostas y moscas, y no se podía encontrar un remedio para sus vidas, porque merecían ser castigados por esos animales.
Pero contra tus hijos, ni siquiera pudieron los dientes de las serpientes venenosas, porque tu misericordia vino a su encuentro y los sanó
Para que se acordaran de tus palabras, eran aguijoneados y se curaban rapidamente, no sea que cayeran en profundo olvido y así quedaran excluidos de tu acción bienhechora.” (Sabiduría 16, 5-11).

La serpiente de bronce es llamada  “signo de salvación”. Sin embargo la literatura sinagogal precisa que no era la serpiente la que curaba, sino la fe de los que elevabana los ojos hacia el Padre celeste. En el Evangelio de San Juan la serpiente aparece en paralelo con la elevación de Jesús en la Cruz: “De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen el Él tengan vida eterna”. (San Juan 3, 14-15).
Una representación monumental de la serpiente de bronce se halla en el monte Nebo, en Jordania, lo que permite al peregrino de evocar este pasaje bíblico.

Símbolo ambivalente
La sarpiente es un símbolo ambivalente, pues puede estar considerada como animal salvador y como reptil maldito. Es símbolo de la astucia y al mismo tiempo de la salud. La serpiente se puede transformar en adversaria del hombre. Entre la serpiente y la mujer hay relaciones de enemistad después del pecado de Adán y Eva: “Y en señor dijo a la serpiente:… …Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su linaje y el tuyo. El te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón” (Génesis 3, 15).
El autor del libro de la Sabiduría identifica la serpiente con el demonio, así como lo hace el Apocalipsis de Juan: “Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles”. (Apocalipsis 12, 9)
En fin, la valencia negativa de la serpiente se impuso en Occidente, olvidándose el significado positivo de este reptil.

P. Fréderic Manns
Estudio bíblico de la Flagelación (Tierra Santa)

Fuente: Revista Tierra Santa (Franciscanos) Nº 754 página 4 y 5 año 2002

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