"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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jueves, 8 de noviembre de 2012

El exorcismo en la Iglesia - Punto de vista

sábado, 29 de septiembre de 2012

Biblia:¿Quién era la serpiente del Paraíso?



Una víbora que habla
Hay un enigma que siempre ha intrigado a los lectores de la Biblia, y que tiene que ver con el relato del pecado original: es el de la serpiente que tentó a la mujer en el Paraíso. ¿Quién era realmente?

El Génesis afirma que se trataba de un simple animal de campo, uno más de los que Dios había creado (Génesis 3,1). Pero poco después vemos que la serpiente conversa con Eva. ¿Cómo pudo hablar, si era una víbora? ¿Y cómo podía tener una inteligencia superior a la del hombre (Como dice en Génesis 3,5)? No puede ser, evidentemente, un animal real. ¿Quién era entonces?

Algunos sostienen que sí era un animal real pero que estaba poseído por el Diablo para engañar a Eva. Pero si la serpiente era sólo un instrumento del Diablo, ¿Por qué Dios la castiga a ella haciendo que se arrastre sobre su vientre y coma polvo por el resto de su vida (Génesis 3,14), en vez de castigar al Diablo?

Una segunda creencia, la más común entre los lectores de la Biblia, es que aquí la serpiente no era un animal real sino un símbolo del Diablo, una imagen, un disfraz literario del autor para referirse a este ser maligno, que fue quien en realidad tentó a nuestros primeros padres en el Paraíso.


El disfraz del Diablo
Pero esta solución choca con una gran dificultad, y es que en ninguna otra parte del Génesis se lo nombra al Diablo. Más aún, el Diablo (O Satanás, que es lo mismo) es un personaje desconocido para los autores de los libros bíblicos más antiguos; por eso jamás aparece en el Pentateuco, ni en los libros históricos, ni en los libros proféticos. ¿Cómo podía conocerlo el autor de este capítulo del Génesis? Los actuales estudios bíblicos afirman, por lo tanto, que aquí no se trata del Diablo.

Un tercer grupo de pensadores sostiene que la serpiente no es ningún personaje concreto, sino un símbolo de los malos deseos y de los placeres sensibles. Así, el pecado original habría consistido en una transgresión de tipo sexual, y la serpiente no sería más que un símbolo sexual. Por eso se insiste tanto en que Adán y Eva “estaban desnudos”

Pero esta hipótesis es inadmisible, pues el mismo Génesis dice que Dios santificó y bendijo el matrimonio cuando le ordenó a la primera pareja: “Sean fecundos y tengan muchos hijos, llenen el mundo y gobiérnenlo” (Génesis 1,28). No hay, pues, connotaciones sexuales en el pecado original.

¿Quién es entonces esta serpiente?


¿Y todo por una manzana?
El enigma de la serpiente nos lleva a un segundo problema: ¿qué pecado cometieron Adán y Eva en el Paraíso?

Popularmente se responde que comieron una manzana prohibida. Pero conviene notar, ante todo, que en ninguna parte del relato se menciona manzana alguna. ¿De dónde salió la idea de esta fruta?

Esto viene de cuando la Biblia solo estaba escrita en latín. En efecto, en esta lengua manzana se escribe “Malus”, y mal se dice “Malum”. Y como Adán y Eva comieron el fruto del mal (malum), se pensó que habían comido una manzana (malus). Hoy, que las Biblias ya no están solo en latín sino en castellano, vemos que no comieron una manzana sino “un fruto” malo.

Volvamos, pues, al planteo. ¿Por comer un simple fruto Dios los mortificó con semejantes castigos? Si fuera así, lo que sucedió en el paraíso no fue sino ¡un fatal error gastronómico!

Pero como sabemos que la serpiente es un símbolo (ya que no puede tratarse de un animal real), también el fruto prohibido tiene que ser simbólico. ¿Pero símbolo de qué? Si aclaramos quién es la serpiente, descubriremos también cuál fue el pecado del paraíso.


¿Quién era la serpiente?
Lo primero que debemos tener en claro es que la serpiente simboliza a algún personaje o realidad entendible para los lectores de aquella época, porque si no, éstos se habrían quedado sin comprender el mensaje.

Ahora bien, por los modernos estudios bíblicos y arqueológicos sabemos que la serpiente, en aquella época era el símbolo de la religión cananea que los israelitas encontraron al entrar en la Tierra Prometida.

¿Por qué los cananeos emplearon como símbolo de la divinidad a la serpiente, cuando para nosotros es un animal dañino y peligroso? Porque los pueblos antiguos veían en ella tres cualidades:

Primero, la serpiente tenía fama de otorgar la inmortalidad, ya que el hecho de cambiar constantemente de piel parecía garantizarle el perpetuo rejuvenecimiento.

Segundo, garantizaba la fecundidad, ya que vive arrastrándose sobre la tierra, que para los orientales representaba a la diosa Madre, fecunda y dadora de vida. Y

Tercero: Transmitía sabiduría, pues la falta de párpados en sus ojos y vista permanente hacían de ella el prototipo de la sabiduría y las ciencias ocultas.

Por eso el Génesis la presenta como “el más astuto de todos los animales del campo” (Génesis 3,1).

Estas tres características hicieron de la serpiente el símbolo de la sabiduría, la vida eterna y la inmortalidad, no solo entre los cananeos sino en muchos otros pueblos, como los egipcios, los sumerios y los babilonios, que empleaban la imagen de la serpiente para simbolizar a la divinidad que adoraban, cualquiera sea ella.

Una religión más seductora
¿Y qué les sucedió a los israelitas con la religión cananea? Para entenderlo es necesario tener en cuenta las circunstancias históricas por las que atravesaron.

Los hebreos fueron durante siglos un pueblo nómada. Desde la época de Abraham, que vivió alrededor del año 1800 antes de Cristo, el Dios que los acompañaba siempre era el Dios del desierto, de las montañas, de lo desolado y agreste. Era un Dios trashumante, que viajaba y se movilizaba junto con el grupo o el clan a todas partes, a fin de protegerlos de los peligros que entrañaban este tipo de vida.

El Dios de los hebreos era, pues, especialista en los problemas del desierto: los cuidaba en el caso de ataque de tribus enemigas (Éxodo 17,8), los ayudaba a encontrar agua entre las rocas (Éxodo 17,1), los guiaba para hallar alimento en medio del páramo (Éxodo 16), enviaba plagas contra los pueblos opresores (Éxodo 7,1), se mostraba poderoso y terrible en los truenos y rayos (Éxodo 19,16-19), velaba por la justicia y el orden en el campamento (Éxodo 21,22).

Y Dios amparaba con tanta delicadeza a su pueblo, que durante el día se transformaba en una inmensa nube (para taparles el sol), y durante la noche en una columna de fuego (para iluminarlos en la oscuridad) (Éxodo 13,21).


Nueva oferta religiosa
Y durante seiscientos años (entre el 1800 y el 1200 antes de Cristo) el Dios de Israel fue un excelente acompañante y protector del pueblo. Pero a partir del año 1200 las cosas empezaron a cambiar. Los israelitas entraron en la tierra prometida, en Canaán, y se encontraron con la población local, es decir, los cananeos, mucho más evolucionados y desarrollados que ellos.

Ahora bien, los cananeos llevaban siglos instalados en la tierra, y por lo tanto eran completamente sedentarios, conocían muy bien la agricultura, y vivían de los frutos del campo, de las viñas y del producto de sus ganados.

El dios de ellos se llamaba Baal y, por supuesto, era el dios que les proporcionaba las lluvias, las cosechas y la fertilidad de los campos. La forma más común con que lo representaban era la de una serpiente, símbolo de la vida y de la inmortalidad.

Baal tenía una compañera, la diosa Asherá, diosa del amor y de la fecundidad. Y según las creencias cananeas, Baal y Asherá mantenían permanentes relaciones para asegurar la fecundidad de la tierra, de los rebaños y de los seres humanos. Por eso todas las fiestas religiosas cananeas estaban relacionadas con la cosecha.


La habitación de los dioses
En un principio la religión cananea no significó ningún problema para los israelitas. Ellos tenían en claro que sólo Yahvé era su Dios, el que los había sacado de Egipto y los había acompañado a lo largo del desierto, durante años, cuidándolos y protegiéndolos.

Pero a medida que pasaban los años y se iban sedentarizando, los hebreos empezaron a dudar de que Yahvé les fuera útil. Este Dios, originario del desierto, -se preguntaban- ¿entendería de las lluvias, los trabajos del campo y de la cría del ganado? Este Dios solitario, sin esposa ni experiencia en la fecundidad, ¿podrá ayudarlos a ellos ahora, en su nueva tarea de agricultores? ¿No sería preferible dejarlo y acudir a alguien con mayor experiencia en materia de cosechas, como eran Baal y su esposa?


Había que actualizar a Dios
Además, la religión cananea era muy sencilla y fácil de cumplir. Consistía exclusivamente en ceremonias rituales. No incluía ninguna exigencia moral, ni compromiso personal, ni conversión alguna, ni obligaba a practicar la justicia, el amor o el respeto a los demás. Bastaba con la prostitución sagrada, un rito mágico y supersticioso para agradar al dios y obtener la bendición de las cosechas. Semejante religión es más agradable que las duras exigencias de la Ley de Dios.

Es fácil, pues, imaginar el serio peligro que la religión cananea comenzó a significar para los hebreos, herederos de la austera religión de Moisés.

Fue así como, poco a poco, si bien Yahvé siguió siendo el gran Dios nacional, a la hora de asegurar la fertilidad del suelo y la regularidad de las lluvias empezaron a volverse hacia la serpiente, símbolo de Baal. Comenzaron a visitar sus templos, a participar de sus ritos, y a introducirse furtivamente en las chozas de las prostitutas sagradas durante las grandes fiestas.

El culto a las divinidades de la fertilidad fue, durante siglos, una permanente tentación para los israelitas. A veces con más fuerza, otras con  menos, lo cierto es que Baal y Asherá terminaron seduciendo a los israelitas, que  honraban a Yahvé, pero rendían culto apasionado a Baal y Asherá.


Por escuchar a la serpiente
Así estaban las cosas, cuando un escritor anónimo del siglo X antes de Cristo decidió escribir un relato (nuestros actuales capítulos 2 y 3 del Génesis), para denunciar los peligros que estaba ocasionando la religión cananea entre sus hermanos israelitas. Según él, la sociedad toda (representada en Adán y Eva) debería estar viviendo en un Paraíso.

Y sin embargo vivía en medio de injusticias, hambre, dolores, muerte.

Y la causa de todos estos males no era otra que la serpiente, la religión cananea, que llevaba al pueblo a refugiarse en meros ritos exteriores y a olvidar las elevadas exigencias de la Ley de Dios. A buscar la protección de Dios y la felicidad no a través de una vida moral, justa, honesta, al servicio a sus hermanos, sino mediante meras prácticas fetichistas.

¿Y por qué dice el autor del Génesis que la serpiente lleva a “comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”? En hebreo decir “bien y mal” equivale a decir “todas las cosas”. Y como una de las prácticas cananeas consistía en consultar a los adivinos y hechiceros para conocer las cosas futuras, algo inaudito para un buen israelita que sabía que el futuro del hombre está sólo en manos de Dios y no de un adivino, al pecado del Paraíso lo describe como el de pretender “conocer el bien y el mal”, es decir, todo el futuro del hombre.


La serpiente y Satanás
El autor del Génesis quiso referirse a los males que en su sociedad estaba ocasionando la religión cananea. Si presenta este pecado como cometido en los orígenes, es para decirle a los lectores que ese pecado (el de seguir a la religión cananea) está en el origen, en la raíz, en la base de todos los otros males sociales. Y les advierte sobre las posibilidades futuras (las de construir un Paraíso), que se están perdiendo por su mal proceder.

Con el transcurso de los siglos desapareció la religión cananea, y entonces la serpiente perdió si primitivosentido y pasó a ser para la mentalidad judía un símbolo del mal, del adversario divino, del pecado.

Cuando en el exilio de Babilonia, siglos más tarde, los israelitas conocieron la figura de Satanás o Diablo, la identificaron con su antiguo símbolo del mal, la serpiente del Paraíso.

Y por eso, novecientos años después del Génesis, el libro de la Sabiduría dice sin problemas: “Por envidia del Diablo entró la muerte en el mundo”, (Sabiduría 2,24). Esta es la primera vez que la serpiente del Paraíso, que en el Génesis representaba a la religión cananea, aparece identificado con el Diablo. Y desde entonces esta idea se popularizó entre nosotros.

También el Apocalipsis, cuando habló del Dragón (es decir, el poder político enemigo de Dios), dice que es el Diablo y la Serpiente (12,9; 20,2). Todo enemigo de Dios será, desde ahora, el Diablo y la Serpiente.


Nuestra serpiente
El autor del Génesis supo encontrar una respuesta a los grandes males de su tiempo. Descubrió que la pobreza, las injusticias sociales, los problemas laborales, los dramas familiares, la vida misma del pueblo, podrían ser distintos si no anduviesen detrás de aquella serpiente.

Denunció, así, la inexcusable responsabilidad de la gente frente a las miserias que vivían. No era voluntad de Dios la tragedia que envolvía a la sociedad, sino que se debía a que los israelitas se habían volcado hacia la religión de los cananeos. Y peor aún, ellos no parecian percatarse ni ver la gravedad. La serpiente era una voz seductora que, sin que el pueblo se diera cuenta, lo llevaba a abandonar la Ley de Dios, perdiéndose en el marasmo de la magia y de una religiosidad meramente exterior y fetichista.

Hoy el Génesis nos invita a descubrir lo mismo. A hacer una lista de los males que nos rodean, y tomar conciencia de que también a nosotros, subrepticiamente, se nos está colando una serpiente, que con voz seductora habla a nuestro pueblo, a nuestra gente, a nuestros gobernantes, a nuestros dirigentes, para alejarnos de la Ley de Dios. Que nos lleva a construir una sociedad mezquina, de miseria, de opresión, de injusticias, de niños abandonados, de mujeres sometidas, de hombres sin trabajo, de corrupción social, insolidarios, mientras nos sentimos religiosos porque practicamos devociones y ritos exteriores.

Descubrirla a tiempo es el gran desafío. Para desenmascararla, para no escucharla más. Para que por fín amanezca el Paraiso.

P. Ariel Alvarez Valdés

martes, 4 de septiembre de 2012

Libro: Historia del Mundo Angélico (gratis en PDF)

El famoso sacerdote exorcista español, Padre José Antonio Fortea, publica con ACI Prensa su libro "Historia del Mundo Angélico", una novela con profundas bases teológicas sobre la creación, la prueba y la caída de los ángeles.

El Padre Fortea señaló sobre este libro, que ahora pone a disposición de sus usuarios en formato pdf de manera completamente gratuita, es "un ejercicio literario que nace después de diecisiete años especializado en el campo teológico de los demonios".

El sacerdote indicó además que "esta obra no surge de ninguna revelación particular. Pero, al mismo tiempo, no es mera creación literaria: la Summa Theologica, los tratados de creación, la lógica y la metafísica de Aristóteles discurren por todos y cada uno de sus párrafos".

Sobre su decisión de poner a disposición sus libros en formato electrónico, el Padre Fortea comenta que "de inmediato pensé en ACI Prensa por dos razones: la ortodoxia de ACI Prensa está fuera de toda duda, a esto se añade que publicar con ellos supone que su difusión por todo el mundo está garantizada".

"La idea de que la obra en primicia apareciera en Internet, me guio desde el principio de su escritura. Normalmente, los libros aparecen en papel, y sólo muchos años después están disponibles en la red, y muchas veces con grandes restricciones debidas al copyright de las editoriales. Pero, en el caso de mi obra, desde que comencé a redactarla, tuve claro que deseaba que este título estuviera accesible a cualquier persona del mundo desde el momento en que viera la luz", explica.

"Estamos en el siglo XXI y quise que mi obra se publicara liberada del peso de la materia. Una cosa enteramente procedente para una obra sobre los ángeles", concluye.

Padre José Antonio Fortea

El Padre Fortea nació en Barbastro (España) el 11 de octubre de 1968. Realizó sus estudios de Teología en la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote el 3 de julio de 1994.

Se licenció en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. En 1998 defendió su tesis de licenciatura "El exorcismo en la época actual" en Roma, dirigido por el entonces sacerdote Juan Antonio Martínez Camino, actual Obispo Auxiliar de Madrid y Secretario General de la Conferencia Episcopal Española.

La obra más conocida del Padre Fortea es "Summa Daemoniaca", un tratado de demonología y un manual de exorcistas, catalogado como el tratado de este tema más completo del siglo XXI.

La "Historia del Mundo Angélico" es el primero de una serie de libros que el conocido exorcista publicará a partir de ahora con ACI Prensa, al que puede accederse ingresando a: Historia del Mundo Angélico

 Visita el blog del Padre Fortea


lunes, 3 de septiembre de 2012

Los tres espíritus (Cuentos y Relatos)

El Arca de Noe
De esto hace mucho tiempo. Fue para poco después de esa gran creciente que se llevó a casi toda la humanidad, con aves, bichos y sabandijas. Además de cuarenta días de aguacero sin parar, se rompieron las defensas y el agua sublevada atropelló llevándoselo todo por delante.


Anoticiado por Tata Dios, el paisano don Noé había construido una gran jangada, sobre la que armó un enorme galpón en el que guareció de cada especie de bicho una yunta. Además logro salvar a su familia: su patrona y los tres hijos con sus esposas.
Cuando bajó la creciente, aquello parecía un cementerio. Pero no era cuestión de echarse para atrás. Enseguida se comenzó todo de vuelta. Noé entregó a cada uno de sus hijos los animalitos salvados, asignándoles la zona de campo donde podrían criarlos. Como él ya andaba medio viejo y con las tabas entumecidas de tanta humedad como había soportado, decidió dedicarse a cultivar una pequeña chacrita vecina a las casas.
Además de la verdura y hortalizas para el consumo, le dio al viejo por probar con unas especies nuevas, que parecían ser de buen porvenir. En una cosa de esas dio una plantita medio rugosa, que daba una especie de racimos con frutita muy dulce. Pensó que podía ser buena fruta para fabricar algún jugo virtuoso y reconfortante. Sin darse cuenta, había descubierto la planta de vid. 
Como era hombre de ingenio, en cuanto la vio prosperar y crecer, enseguida le armó una parra para que se fuera agarrando. A cosa de una cuadra de las casas quedaba el terrenito que le dedicó. Todos los días iba a echarle una miradita, a la vez que aprovechaba para carpir los yuyos que aparecían entre los surcos y almácigos. Si algún gusano, de los salvados vaya a saber cómo de la inundación, se atrevía a subirse al parral, lo bajaba de allí con el lomo del falcón, y lo aplastaba con la bota sin miedo de acabar con su especie.
Una mañanita encontró algo raro en su quinta. Vio pisadas que no eran de cristiano, pero tampoco parecían de animal. Y para peor, parecía que el desconocido se las había agarrado con la plantita de viña. Porque allí se arremolinaban las huellas, y hasta había removido la tierra alrededor del tronco. Lo rastreó, pero la rastrillada se le perdió entre los pajonales un par de cuadras más allá.
Como no era hombre de dejarse madrugar por un cualquiera, Noé se decidió a esperarlo escondido entre los matorrales, para ver qué intenciones traía. Al principio no tuvo suerte. 

Una tardecita sintió que le bicho volvía. Digo bicho, porque le pareció que se trataba de eso cuando vio aparecer algo que podía parecerse a un mono. 

Pero pronto se percató de que en realidad se trataba del mismísimo Mandinga (1) en persona. Traía de una soguita una mona, puro gruñido y morisquetas. Se arrimó a la plantita de parra, y sin más ceremonia, agarró a la mona por el pescuezo y la degolló allí mismo. 

Con su sangre regó bien la tierra en derredor del tronco de la planta. Después agarró al animalito muerto, y revoleándolo de la cola, lo tiró entre los pajonales. Limpió el facón en los pastos, y sin siquiera saludar se hizo humo.
Don Noé no tuvo tiempo para reaccionar. Cuando se quiso dar cuenta, Satanás ya se había ido sin dejar rastros. Pensaba irse para su casa a comentar lo extraño del suceso pero volvió a sentir ruido entre los pajonales. Esta vez la cosa parecía en serio, porque eran bramidos. 

Y no era para menos Mandinga apreció de nuevo, traía un puma a la cincha. Bravo andaba el bayo, tirando zarpazos y dentelladas por todos lados. Pero el diablo no era manco, y pisándole en las ancas lo inmoló allí mismo, repitiendo el extraño rito de regar con su sangre la plantita de viña. 

Terminada la operación, tomó al puma por la cola y revoleándolo lo tiró entre los pajonales. Y a los saltos desapareció como si se fuera a buscar otro animal para repetir lo que andaba haciendo.
Noé sospechó que volvería esta vez decidió no dejarlo escapar. Se tanteó la cintura para cerciorarse de que el facón estaba a mano. De su empuñadura colgaba el grueso rebenque cabo de naranjo, y lonja de cuatro dedos de ancho. 

Se agazapó sobre sus garrones, listo para el salto. No tuvo que esperar mucho. De nuevo se sintieron unos gruñidos y golpes. Mandinga traía de la cola y a los rodillazos un chanchito. 

Aunque el animal se quería empacar, el diablo se dio maña y lo arrimó a la parra. Después de degollarlo, como entendido en el asunto, volvió a regar con su sangre el tronco y toda la tierra que lo rodeaba. 

Ya se disponía a tomarlo de la cola para revolearlo, cuando Noé se le fue encima como un ventarrón. No le dio tiempo ni pa' encomendarse a Dios. De un talerazo en la nuca lo volteó panza abajo, y ya se le tiró encima apretándolo con las rodillas en la cintura, mientras le bajaba el rebenque sin asco por las asentaderas.
Mientras le menudeaba los azotes, Noé le gritaba furioso:
-¡Te agarré, maldito! De aquí no vas a salir sin marca, hasta que no me hayas confesado todito lo que andás haciendo, y por qué me has querido engualichar mi viña.
Bramaba el maldito por el dolor, pero no podía sacárselo al paisano Noé de encima. La boca se le llenaba de tierra, y ya medio ahogado le suplicó que no le siguiera pegando. Que le contaría todo lo que había estado haciendo. Así, ya medio charqueado por la lonja de la guacha que Noé no le mezquinaba, se decidió a confesar la picardía que andaba realizando. Y apretando contra el suelo, al final dijo:
-Le estaba echando gualicho a la raíz de la viña, para darle virtú al vino.
-¿Y de que virtú se trata? - bramó Noé. 
-Son tres espíritus diferentes - respondió el apretaro -. Tres espíritus que se van despertando a medida que le hombre se interna en el vino. 

Al principio es el de la mona. Al que no sabe dominarse a tiempo, en cuanto se bandea un poco, le entra el espíritu de este bicho, y comienza a hacerse el gracioso para hacer reír a la gente. Y todos los que lo ven, lo cargan diciéndole que suelte la mona que se agarró. 

Si continúa bebiendo, se le despierta el espíritu del puma. Se pone malo y peleador. Se atreve cobardemente con su mujer y con los chicos. Le da por buscar camorra y por provocar peleas. Es que le ha entrado en el cuerpo la sangre del puma. 

Si continúa bebiendo, entonces es el cerdo el que se le despierta por dentro. Comienza a gruñir, se le cae el chiripá y termina por tirarse en las cunetas revolcándose en el barro igualito que un chancho.
-¡Ahá, bicho desgracio! - bramó Noé, al tiempo que le descargaba un tremendo rebencazo -. Yo te voy a enseñar a andar haciendo picardías. Aquí mismo te voy a despenar para limpiar el mundo de un sabandija como vos.
Pero al querer sacar el facón, aflojó un poco las rodillas, y Mandinga se le fue de abajo como carozo mal apretado. Noé quedó de rodillas y con el cuchillo en la mano, mientras Mandinga salía echando humo por los pajonales con el trasero ardiéndole por los rebencazos.
Noé se secó el sudor de la cara con la punta del pañuelo que tenía al cuello. Después se arrimó con pena a la planta de vid, dispuesto a cortarla de un solo hachazo. Ya había levantado el facón, cuando el ángel del cielo le detuvo el brazo al tiempo que le pegaba el grito:
-¡No amigo, no lo haga! ¡Respete los dones de Dios! Llegará un día en que el mismísimo Hijo de Dios necesitará del vino, para convertirlo en su sangre, a fin de que todo aquel que la beba tenga la vida eterna, lo que es la vida de Dios. 

Ahora usted ya sabe los peligros que encierra. Tómelo con moderación y enséñele a sus hijos y nietos la verdad de esta historia.
Pero Noé medio afligido le dijo que aunque así lo hiciera, a lo mejor sus descendientes, empezando por sus hijos, no le harían caso.
Entonces el ángel de Dios agachándose levantó del suelo el rebenque y se lo alcanzó, mientras riendo le decía:
-Tome amigo, y enséñeles esto...¡pa' recuerdo!

 por Mamerto Menapace, publicado en Cuentos Rodados, página 59 a 64 Editorial Patria Grande

Nota:
(1) "Mandinga" es la forma de llamar al diablo, demonio, Satanás en la República Argentina. Principalmente en las zonas rurales. "es cosa de Mandinga"; es "cosa del Diablo" y no de cualquier diablo sino del jefe de todos ellos.

lunes, 30 de julio de 2012

La accion del demonio en la vida humana - Punto de vista


Programa punto de vista del 30 de julio de 2012

lunes, 9 de enero de 2012

El demonio existe - Punto de vista


Programa punto de vista del 9 de enero de 2012

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