
Desgrabación de la homilía de cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires con motivo del Miércoles de Ceniza (9 de marzo de 2011)
La práctica de la Cuaresma empieza con este rito de la imposición de
la ceniza, recordándonos lo que fuimos: tierra… barro… Dios nos creó de
ahí. Y lo que vamos a ser: ceniza. Pero sería muy triste considerar que
eso es todo. Fuimos tierra tomada por manos amorosas y un Dios que nos
sopló y nos dio vida; y al soplarnos puso su esperanza en nosotros
porque Dios espera de nosotros. Y seremos ceniza pero ceniza que lleva
huellas del amor que nosotros hayamos dado en la tierra. Entonces la
Cuaresma, encuadrada con este principio, nos habla del amor con que
fuimos creados y del amor que tenemos que llevarnos y dejar al final.
La penitencia más la oración, el ayuno. El despojo de manera de
limosna que hagamos en la Cuaresma no es un masoquismo (“Señor, soy malo
y me pellizco para ser mas bueno”) sino es desarrugarnos el corazón que
el egoísmo nos va achicando, por eso todos los años la Iglesia nos
dice: “Mirá mas allá, mirá al horizonte, Dios no te hizo para que tengas
un corazón mas arrugado, Dios no te hizo para el egoísmo ni para vos
sólo sino que te hizo para el amor”. Y por eso San Pablo empieza este
sermón tan lindo, que es como el lema de la Cuaresma, diciendo: “Por eso
les suplicamos en nombre de Cristo, déjense reconciliar con Dios”… es
como el clamor cuaresmal… dejate reconciliar con Dios.
“Padre, pero yo no estoy peleado con Dios”… No, pero por ahí tenés
el corazón arrugado porque al igual que los hipócritas a los que Jesús
se refería en el Evangelio, quizá te estés mirando demasiado a vos mismo
centrado en tus comodidades, en tus cosas y entonces Dios queda
apartado… Dejate reconciliar con Dios! O el otro llamado tan lindo del
profeta Joel que le dice a su pueblo: ”Dice el Señor, vuelvan a mí de
todo corazón. Desgarren su corazón y no sus vestiduras. Vuelvan al Señor
su Dios”. Es decir, éste es como el lema de la Cuaresma: Dejémonos
reconciliar con Dios, es Jesús el que nos reconcilia ¡! Démosle lugar a
Jesús para que nos reconcilie y volvamos al Señor con todo el corazón.
Esto por medio de una conducta un poco más acentuada que nos
despegue del egoísmo, que nos desarruge el corazón, que nos abra el
horizonte!. La Cuaresma no es para estar triste, con cara de lánguida
(como dice Jesús en el Evangelio) sino es para mirar ese horizonte de
amor y abrir nuestro corazón, dejar que surjan esas ansias de algo
grande…
Hace un tiempo leí una parábola que escribió un monje y que me
ilumina mucho sobre que es esto de arrugar el corazón y como a veces el
mundo tiende a reprimirnos sobre nosotros mismos. La parábola dice así:
Unos chicos subiendo una montaña encontraron un nido de águila con un
huevo y lo bajaron. Después se preguntaron que hacer con el huevo y uno
de los chicos propuso que lo llevaran a su casa ya que tenía una pava
que estaba empollando. Y pusieron el huevo con los que la pava estaba
empollando. Nacieron los pichones… todos iguales… fueron creciendo… pero
el pichoncito de águila se comportaba distinto a los demás y cuando los
pichones de la pava caminaban mirando el suelo, él miraba al cielo y
sentía algo… y su vida que era para volar alto, como no tuvo quien le
enseñara a volar, pasó en la pavada, entre los pavos…
Junto a este llamado de “Dejate reconciliar con Dios” y “Volvé a
Dios con todo tu corazón” también podemos hacernos esta pregunta (que
los porteños entendemos bien): Estoy en la pavada o tengo ansias de
volar alto? Estoy atado a un rebaño que va ciego haciendo lo que todo el
mundo hace, buscando solamente la propia satisfacción, concentrado en
mí mismo o miro mas arriba para volar alto? Te aseguro que si en esta
Cuaresma mirás más arriba, orando más, despojándote más de cosas que te
entretienen mal, es decir ese ayuno de cosas que te permiten aprovechar
ese tiempo para hacer una obra buena como visitar un enfermo, acompañar a
los chicos, escuchar a tu papá o a tu abuelo que siempre repite lo
mismo… Despojate del egoísmo y mirá a tu alrededor para ver de que te
podés despojar para ayudar al que necesita la limosna. Si hacés esto en
esta Cuaresma tu corazón va a mirar más arriba y te vas a encontrar con
una gran sorpresa al final.
Que tu corazón arrugado, que ya prácticamente era una tumba, va a
sentir como esa tumba fue testigo de alguien que resucitó para salvarte;
te vas a encontrar con Jesús vivo. Así que iniciemos la Cuaresma con
este sano optimismo, con esta gran esperanza: Dejate reconciliar con
Dios, volvé al Señor con todo tu corazón, dejate desarrugar el corazón y
mirá hacia arriba. El resto lo hace El. Tené confianza.
Cardenal Jorge M. Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires