Programa Punto de Vista del 10 de junio de 2013
"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
lunes, 10 de junio de 2013
miércoles, 6 de marzo de 2013
martes, 4 de septiembre de 2012
El misterio de la vida (Cuentos y Relatos)
Si en una fábrica de
tractores se quiere acelerar la producción, se recurre a la intensidad en el
trabajo, y a la duplicación de la materia prima utilizada. Con ello se consigue
producir la misma cantidad, en la mitad del tiempo.
Por ejemplo, si en nueve meses salen de la fábrica una cantidad determinada de unidades, duplicando las horas de trabajo y el material utilizado esa misma cantidad de tractores podrán salir en cuatro meses y medio. Para ello basta una decisión eficiente del señor director de la fábrica.
Pero si ese mismo señor se
convierte en padre de un hijito, tendrá que esperar ansiosamente los nueve
meses del embarazo para poder ver su rostro. No ganará nada con tener dos
señoras.
Por ejemplo, si en nueve meses salen de la fábrica una cantidad determinada de unidades, duplicando las horas de trabajo y el material utilizado esa misma cantidad de tractores podrán salir en cuatro meses y medio. Para ello basta una decisión eficiente del señor director de la fábrica.
![]() |
| Bebe |
Porque la vida tiene sus
propias maneras de realizarse. Poniendo el doble de granos de trigo sobre la
misma superficie de campo, no necesariamente se consigue duplicar el
rendimiento. Al contrario, suele acontecer que las plantitas se condicionen de
tal manera por su cercanía que el resultado es exactamente el contrario del que
se buscaba indebidamente.
La vida no se produce. Hay
que aceptarla y acompañarla. Es un misterio que exige respeto y dedicación.
Tiene sus propios ciclos y sus tiempos. El trigo es sembrado en el corazón del
invierno, y madura en la plenitud del verano. El maíz nace en primavera y se lo
cosecha al comenzar el invierno, luego de las primeras heladas. Los mandarinos
florecen en setiembre, y en nuestra zona mantienen sus frutas maduras de mayo a
agosto. Las castañas entregan sus granos grandes y harinosos para Pascua.
Lo que el agricultor decide
es su plan de siembra y de plantación. Para ello elige las especies que desea,
y les asigna un trozo de chacra o de huerta. En su sabiduría escalona los
cultivos, y distribuye la cantidad de los distintos frutales. Pero jamás exige
a una variedad que se amolde a la manera de ser de otra. Si quiere ciruelas,
planta ciruelas. Y cuando busca melones, no se emperra en sembrar sandías.
Todo esto parece tan
evidente. Y sin embargo lo que admitimos con naturalidad en la vida vegetal y
animal, no queremos aceptarlo en la vida espiritual.
Tantas veces perdemos la
paciencia ante la lentitud de los procesos de crecimiento propio o de los
demás. Nos gustaría que un impulsivo diera frutos de paciencia, y le anulamos
toda la riqueza de sus iniciativas. Exigimos a los niños que tengan la madurez
que los grandes piensan haber conseguido, y con ello los hacemos apáticos a
todo lo que no resulte eficiente.
Y en la oración ni que
hablar. Pretendemos engendrar al Espíritu Santo mediante técnicas ascéticas, o
con complicados métodos psico-gimnásticos. Y pensar que sería más sencillo
pedírselo a Nuestro Padre que está en los cielos que, como lo afirmó Jesús, no
nos negará su Espíritu Bueno si se lo pedimos con actitud de hijos necesitados.
La vida será siempre un
misterio. Pero real y presente en todas partes. Nos está permanentemente
contando sus parábolas, si es que tenemos los oídos para oír, y el corazón para
escuchar.
Contemplativo no es el que
se encierra en sí mismo evadiéndose de todo lo que lo rodea. Lo es aquel que
tiene los ojos dilatados y los oídos abiertos para rastrear las huellas de Tata
Dios por allí donde haya pasado.
Y donde veamos algo que vive
... el dedo de Dios está ahí.
por Mamerto Menapace,
publicado en Cuentos Rodados, páginas 85 a 87. Editorial Patria Grande.
viernes, 31 de agosto de 2012
Dirección Espiritual: "La Partera"
El líder sabio no interviene innecesariamente.
Se siente la presencia del líder, pero a menudo el grupo avanza por su cuenta.
Se siente la presencia del líder, pero a menudo el grupo avanza por su cuenta.
Los líderes mas débiles hacen mucho, dicen mucho, tienen seguidores, y crean cultos.
Otros, peores aún, usan el miedo para estimular al grupo y la fuerza para vencer sus resistencias.
Los peores de todos los líderes tienen mala reputación.
Recuerda que tu deber es facilitar el proceso de otros. No el tuyo. No te entrometas pero tampoco abandones.
No controles. No impongas tus propias necesidades y convicciones personales a los demás.
Imagina que eres una partera; que estás esistiendo el nacimiento del otro. Haz bien tu trabajo, sin presunciones ni teatralidades.
Facilita el curso de lo que está ocurriendo y no lo que tú crees que debería estar ocurriendo.
Si tienes que tomar la iniciativa, dirige la acción (sin olvidar la oración) de manera que la madre reciba ayuda, pero sin que pierda su libertad y responsabilidad.
Al nacer el niño, la madre podrá exclamar con razón: "¡Lo hicimos entre el niño y yo!".
(anónimo)






