"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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jueves, 20 de junio de 2013

El sufrimiento y las dificultades - Punto de vista


 
Punto de Vista del 20 de junio de 2013

domingo, 4 de noviembre de 2012

El dolor por los pecados - Conozca primero su fe católica



Tema general del programa: El dolor por los pecados

Preguntas, correos, cartas, llamados
1-  Mi padre falleció hace un tiempo, su muerte fué muy repentina e inesperada por lo que no pudo confesarse ni recibir la extrema unción. Una vez dijo que quería confesarse pero no lo pudo hacer. ¿Que pasa con esas almas? ¿viven en paz? ¿Nuestras oraciones lo ayudan? Muchas gracias, que Dios lo bendiga. Con cariño. Carmen - Jujuy - Argentina.
2- Quiero que me aconseje: Mi esposo ve poronografía y él dice que tiene derecho a su vida privada. Para mi eso es un mal ejemplo para mis hijos. ¿Que hago? Gracias, Ángela de Colombia.
3- Desde antes de mi conversión a cristiano evangélico conozco su trabajo en la fe católica. Se que usted ama tanto a Cristo yo, por lo que de verdad quisiera que se abra al entendimiento del Señor Jesucristo, pero recuerde que solo lo recibira si lo busca realmente. Me duele que usted discrimine el Evangelio de Cristo y anteponga mandamientos de hombre. Esto no es por causarle ningún daño, sino que Dios puso carga en mi corazón. Si usted está convencido en su corazón que el Evangelio Cristiano esta Errado, entonces solo sepa que Crsito le ama. Carlos Ahumada - México.
4- Vi un programa de la Madre Angélica en donde hablaba de las postrimerias. Al referirse a la blasfemia contra el Espíritu Santo menciono las negaciones de San Pedro y la traición de Judas Iscariote. Decía que mientras Judas no aceptó la misericordia de Dios y se ahorcó, Pedro se arrepintió de su pecado y fué perdonado. ¿vale el arrepentimiento de ese pecado aunque haya sido cometido con plena advertencia? Se que cuando se ahcen cosas por ignorancia si vale. Deme su opinión por favor. Juan Sebastián - Colombia.
5-¿Es acaso Juan Bautista el último profeta, estamos esperando otros o hay más en la actualidad, como dicen nuestros hermanos separados? Oro por la unidad de la Iglesia, que creo está donde escuchan y cumplen la palabra de Nuestro Señor Jesucristo. Walter Menéndez - Ciudad Guatemala.
6- Mi profesor de filosofía dice que "Dios Santo es igual de poderoso que el diablo". Si Dios fuese más poderoso que el diablo ya hubiese desaparecido al diablo. Si el diablo fuese más poderosoque Dios ya hubiese desaparecido a Dios. Quisiera que me ayudara a saber si mi razonamiento es correcto. Duber.
7- Cuando usted menciona los Salmos y dal el número ¿a cual número corresponde? ¿al que está entre paréntesis? ¿Por qué desde le Salmo 10 se comienza a ver los números entre paréntesis? Desde ya muchas gracias Lucia Fátima - Chile
8- Consejo a homosexuales - Juan.
9- ¿Como le explico a los compañeros de trabajo protestantes, que tenemos a la Virgen de Guadalupe y a las otras cuando ellos me dicen que "adoramos a la Virgen" Fernando Piñeira
10- Problemas matrimoniales: Me pide que me vaya de la casa - Walter
11- Que significa la palabra Católica - Antónia.

domingo, 9 de septiembre de 2012

El misterio de Dios (Meditación)


Dios lo abandonó para probarlo
y descubrir todo lo que tenía
en su corazón
2 Cron 32, 31

Pajonal, tierra sin cultivar
Frente al misterio del pecado, muchas veces sube en nosotros esa pregunta: ¿por qué Dios lo abandonó?

Y si la experiencia de pecado se ha dado en nosotros, entonces se hace mucho más quemante la pregunta: Señor, ¿por qué me abandonaste ? ¿por qué dejás que mi corazón se extravíe lejos de vos? como dice Isaías hablando de su pueblo en el capítulo 63, 17.

Pienso que nuestro corazón es mucho más ancho de lo que nosotros pensamos. Nosotros hemos alambrado un retazo de nuestro corazón y pretendemos allí vivir nuestra fidelidad a Dios. Nos hemos decidido a cultivar sólo un trozo de nuestra tierra fértil. Y hemos dejado sin recorrer los cañadones de nuestra entera realidad humana, el campo bruto que sólo es pastizal de guarida para nuestros bichos silvestres. 

Hemos trabajado con cariño y con imaginación ese trozo alambrado. Tal vez hemos logrado un jardín con flores y todo; y para ellos hemos rodeado con un tejido que lo hacía inaccesible a toda nuestra fauna silvestre. 

Y nos ha dolido la sorpresa de ver una mañana que alguno de los bichos (nuestros pero no reconocidos) ha invadido nuestro jardín y ha hecho destrozos. Y la dolorosa experiencia de la presencia de ese bicho nuestro, introducido en nuestra geografía cultivada, llegó incluso a desanimarnos y a quitarnos las ganas de continuar. Es la experiencia del corazón sorprendido y dolorido.

Y no pensamos que a lo mejor a Dios también le dolía el corazón, viendo que tanta tierra que él nos había regalado para vivir en ella un encuentro con él, había quedado sin cultivar. Que nosotros le habíamos cerrado el acceso a gran parte de nuestra tierra fértil.

A veces, por ahí, uno de esos salmos (gritador y polvoriento) sacude alguno de los pajones de nuestro inconsciente, y se despiertan allí sentimientos que buscan llegar a oración. Pero nosotros enseguida los espantamos. 

No queremos que en nuestro diálogo con Dios se mezcle el canto agreste nuestra fauna lagunera. Quisiéramos mantener a Dios en la ignorancia de todo aquello que está en nosotros pero que nosotros no aceptamos.

Y es entonces cuando Dios nos obliga a reconocer nuestro corazón. Dios nos abandona para probarnos y descubrirnos todo lo que hay en nuestro corazón. Para que urgido por la dura experiencia de nuestro pecado hagamos llegar hasta sus oídos ese grito pleno de nuestro corazón. 

Dios nos obliga a reconocer nuestro corazón
Y en esa dolorosa experiencia empieza a morir nuestra dificultar psicológica de rezar ciertos salmos. Nosotros no los aceptábamos porque nos sentíamos plenamente inmunes, puros, totalmente cristianos. Nos parecía que esos salmos eran "precristianos". Gritos de una geografía dejada atrás.

Pero nuestro pecado nos llama a la dolorosa realidad de tener que comprobar que la mayor parte de nuestro corazón debe aún ser evangelizado. 

Que hasta ahí aún no ha llegado la buena noticia de que Cristo se hizo hombre, que murió asumiendo nuestro pecado y que con ellos descendió a los infiernos, para vencer en su propia guarida la raíz venenosa del pecado y de su compañera la muerte.

Dios podría impedir la quemazón de nuestros pajonales. Y sin embargo prefiere sembrar más allá de las cenizas, en la tierra fértil que hay debajo. Dios no impide nuestra muerte; en el surco de nuestra muerte siembra la resurrección para el más allá.

Porque Dios se ha comprometido con todo nuestro corazón. Porque nuestro corazón se salva en plenitud, o no se salva nada.

Pero Dios es poderoso. Y lo salvará.


por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Eligiendo cruces (cuentos y relatos)


Estos también es del tiempo viejo, cuando Dios se revelaba en sueños. O al menos la gente todavía acostumbraba a soñar con Dios. Y era con Dios que nuestro caminante había estado dialogando toda aquella tarde. Tal vez sería mucho hablar de diálogo, ya que no tenía muchas ganas de escuchar sino de hablar y desahogarse.

El hombre cargaba una buena estiba de años, sin haber llegado a viejo. Sentía en sus pierna el cansancio de los caminos, luego de haber andado toda la tarde bajo la fría llovizna, con el mono al hombre y bordeando las vías del ferrocarril hacía tiempo que se había largado a linyerear, abandonando, vaya a saber por qué, su familia, su pago y sus amigos. 

Un poco de amargura guardaba por dentro, y la había venido rumiando despacio como para acompañar la soledad.

Finalmente llegó mojado y aterido hasta la estación del ferrocarril, solitaria a la costa de aquello que hubiera querido ser un pueblito, pero que de hecho nunca pasó de ser un conjunto de casas que actualmente se estaban despoblando. 

No le costó conseguir permiso para pasar la noche al reparo de uno de los grandes galpones de cinc. Allí hizo un fueguito, y en un tarro que oficiaba de ollita recalentó el estofado que le habían dado al mediodía en la estancia donde pasara la mañana. 

Reconfortado por dentro, preparó su cama: un trozo de plástico negro como colchón que evitaba la humedad. Encima dos o tres bolsas que llevaba en el mono, más un par de otras que encontró allí. Para taparse tenía una cobija vieja, escasa de lana y abundante en vida menuda. Como quien se espanta un peligro de enfrente, se santiguó y rezó el Bendito que le enseñara su madre.

Tal vez fuera la oración familiar la que lo hizo pensar en Dios. Y como no tenía otro a quien quejarse, se las agarró con el Todopoderosos reprochándole su mala suerte. 

A él tenían que tocarle todas. Pareciera que el mismo Tata Dios se las había agarrado con él, cargándole todas las cruces del mundo. 

Todos los demás eran felices, a pesar de no ser tan buenos y decentes como él. Tenían sus camas, su familia, su casa, sus amigos. 

En cambio aquí lo tenía a él, como si fuera un animal, arrinconado en un galpón, mojado por la lluvia y medio muerto de hambre y de frío. 

Y con estos pensamientos se quedó dormido, porque no era hombre de sufrir insomnios por incomodidades. No tenía preocupaciones que se lo quitaran. En el sueño va y se le aparece Tata Dios, que le dice:

Eligiendo Cruces
-Vea, amigo. Yo ya estoy cansado de que los hombres se me anden quejando siempre. Parece que nadie está conforme con lo que yo le he destinado. Así que desde ahora le dejo a cada uno que elija la cruz que tendrá que llevar. 

Pero que después no me vengan con quejas. La que agarren tendrán que cargarla para el resto del viaje y sin protestar. Y como usted está aquí, será el primero a quien le doy la oportunidad de seleccionar la suya, vea, acabo de recorrer el mundo retirando todas las cruces de los hombres, y las he traído a este galpón grande. 

Levántese y elija la que le guste.

Sorprendido el hombre, mira y ve que efectivamente el galpón estaba que hervía de cruces, de todos los tamaños, pesos y formas. Era una barbaridad de cruces las que allí había: de fierro, de madera, de plástico, y de cuanta material uno pudiera imaginarse.

Miró primero para el lado que quedaban las más chiquitas. Pero le dio vergüenza pedir una tan pequeña. El era un hombre sano y fuerte. No era justo siendo el primero quedarse con una tan chica. Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó enseguida, porque se dio cuenta que no le daba el hombro para tanto. Fue entonces y se decidió por una tamaño medio: ni muy grande, ni tan chica.

Pero resulta que entre éstas, las había sumamente pesadas de quebracho, y otras livianitas de cartón como para que jugaran los gurises. Le dio no sé qué elegir una de juguete, y tuvo miedo de corajear una de las pesadas. Se quedó a mitad de camino, y entre las medianas de tamaño prefirió una de peso regular.

Faltaba con todo tomar aún otra decisión. Porque no todas las cruces tenían la misma terminación. Las había lisitas y parejas, como cepilladas a mano, lustrosas por el uso. Se acomodaban perfectamente al hombro y de seguro no habrían de sacar ampollas con el roce. 

En cambio había otras medio brutas, fabricadas a hacha y sin cuidado, llenas de rugosidades y nudos. Al menor movimiento podrían sacar heridas. 

Le hubiera gustado quedarse con la mejor que vio. Pero no le pareció correcto. El era hombre de campo, acostumbrado a llevar el mono al hombro durante horas. 

No era cuestión ahora de hacerse el delicado. Tata Dios lo estaba mirando, y no quería hacer mala letra delante suyo. Pero tampoco andaba con ganas de hacer bravatas y llevarse una que lo lastimara toda la vida.

Se decidió por fin y tomando de las medianas de tamaño, la que era regular de peso y de terminado, se dirigió a Tata Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz.

Tata Dios lo miró a los ojos, y muy en serio le preguntó si estaba seguro de que se quedaría conforme en el futuro con la elección que estaba haciendo. Que lo pensara bien, no fuera que más adelante se arrepintiera y le viniera de nuevo con quejas.

Pero el hombre se afirmó en lo hecho y garantizó que realmente lo había pensado muy bien, y que con aquella cruz no habría problemas, que era la justa para él, y que no pensaba retirar su decisión. Tata Dios casi riéndose le dijo:

-Ven, amigo. Le voy a decir una cosa. Esa cruz que usted eligió es justamente la que ha venido llevando hasta el presente. Si se fija bien, tiene sus iniciales y señas. Yo mismo se la he sacado esta noche y no me costó mucho traerla, porque ya estaba aquí. Así que de ahora en adelante cargue su cruz y sígame, y déjese de protestas, que yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para llegar mejor hasta mi casa.

Y en ese momento el hombre se despertó, todo adolorido del hombro derecho por haber dormido incómodo sobre el duro piso del galpón.

A veces se me ocurre pensar que si Dios nos mostrara las cruces que llevan los demás, y nos ofreciera cambiar la nuestra, cualquiera de ellas, muy pocos aceptaríamos la oferta. Nos seguiríamos quejando lo mismo, pero nos negaríamos a cambiarla. No lo haríamos, ni dormidos.

 por Mamerto Menapace, publicado en Cuentos rodados, Editorial Patria Grande

miércoles, 4 de enero de 2012

El sufrimiento en la vida diaria - Punto de vista


Programa punto de vista del 04 de enero de 2012

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El aborto expontaneo - Punto de Vista


Programa Punto de vista del día 21 de diciembre de 2011

lunes, 28 de noviembre de 2011

La aceptación del dolor - Punto de vista


Programa Punto de Vista del día 28 de noviembre de 2011

Nota: "Magnanimidad" Alma (anima) Magna (Grande); "alma grande"

jueves, 4 de marzo de 2010

El sentido del sufrimiento - Criterios


 
Programa Criterios del 4 de marzo de 2010

martes, 29 de diciembre de 2009

La aceptación del dolor - Criterios


 
Programa Criterios del 29 de diciembre de 2009

miércoles, 13 de mayo de 2009

La aceptación del dolor - Criterios

Programa Criterios del 13 de mayo de 2009
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lunes, 4 de mayo de 2009

El sufrimiento en la vida - Criterios


Programa Criterios del 4 de mayo de 2009

miércoles, 11 de marzo de 2009

El sentido del dolor - Criterios

 
Programa Criterios del 11 de marzo de 2009

martes, 17 de febrero de 2009

El sufrimiento humano - Criterios

 
Programa Criterios del 17 de febrero de 2009 

lunes, 19 de enero de 2009

Ante la muerte de un ser querido - Criterios

 
Programa Criterios del 19 de enero de 2009 

viernes, 8 de febrero de 2008

La enfermedad terminal - Criterios

 
Programa Criterios del 8 de febrero de 2008

jueves, 5 de julio de 2007

El sentido Cristiano del sufrimiento humano - Criterios

 
Programa Criterios del 6 de julio de 2007

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