"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
jueves, 14 de marzo de 2013
miércoles, 13 de marzo de 2013
Habemus Papam (Tenemos Papa)
- Les anuncio un gran gozo:
- Tenemos Papa:
- El eminentísimo y reverendísimo Señor,
- Don Jorge Mario,
- Cardenal de la Santa Iglesia Romana Bergoglio,
- Que se ha impuesto el nombre de Fracisco I.
- Annuntio vobis gaudium magnum;
- Habemus Papam:
- Eminentissimum ac reverendissimum Dominum,
- Dominum Jorge Mario,
- Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Bergoglio,
- Qui sibi nomen imposuit Franciscum I.
Cobertura de Radio Vaticana
Bergoglio, S.J., Jorge Mario
Rango en el Colegio: Cardenal Sacerdote Con Titulo: San Roberto Bellarmino País Natal: Argentina Designado por: Juan Pablo II el 21 de Febrero 2001 Oficio Eclesiástico: Arzobispo de Buenos Aires Elección Papal: Apto para elegir; No apto a partir del 17 de Diciembre 2016
Cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.J., nació el 17 de Diciembre de 1936, en Buenos Aires, Argentina. Fue ordenado sacerdote jesuita el 13 de Diciembre de 1969. Trabajo como maestro de novicios en la Facultad de Teología de San Miguel. De 1973 a 1979, trabajó como provincial Jesuita para Argentina. De 1980 a 1986, fue rector de la Facultad Filosófica y Teológica de San Miguel.
Completó su disertación doctoral en Alemania y se desempeño como confesor y director espiritual en Córdoba. El 20 de Mayo de 1992, fue designado Obispo titular de Auca y obispo auxiliar de Buenos Aires, y fue consagrado el 27 de Junio de 1992. El 3 de Junio de 1997, fue designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires, y el 28 de Febrero de 1998, sucedió como arzobispo de Buenos Aires.
También trabajó como Ordinario para fieles de Rito Oriental en Argentina quienes no tenían su propio ordinario, y trabajó como segundo vice-presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.
Fue creado cardenal el 21 de Febrero del 2001. Su iglesia titular fué San Roberto Bellarmino. Continuó trabajando como Arzobispo de Buenos Aires hasta su elección.
En la Curia Romana, trabajó en la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, la Congregación para el Clero, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólicas, y en el Consejo para la Familia
Fue electo Papa el 13 de Marzo de 2013 tomando el nombre de Francisco.
Es el Primer Papa Argentino; el primero del continente Americano; el Primer Papa Jesuita, y el primero en llamarse Francisco.
Conozca el pensamiento de Francisco I: Lea sus escritos, mensajes y homilias
El Directorio Catolico saluda al nuevo sucesor de San Pedro y máxima autoridad de este blog.
Fue electo Papa el 13 de Marzo de 2013 tomando el nombre de Francisco.
Es el Primer Papa Argentino; el primero del continente Americano; el Primer Papa Jesuita, y el primero en llamarse Francisco.
Conozca el pensamiento de Francisco I: Lea sus escritos, mensajes y homilias
El Directorio Catolico saluda al nuevo sucesor de San Pedro y máxima autoridad de este blog.
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| Cardenal Lorge Mario Bergoglio (Papa Francisco I ) Junto al P. Raúl Laurencena, fieles de la Parroquia de Lourdes y el Sr. Director del Directorio Católico el 11 de Febrero de 2008 en las Fiestas Patronales de la Parroquia Virgen Inmaculada de Lourdes Ciudad de Buenos Aires |
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| Escudo de Armas del Cardenal Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco I) |
Bendición Urbi et Orbi
Homilia Cardenal Bergoglio (Papa Francisco) Misa en Memoria de las Victimas del Trabajo Esclavo27/3/2011
Carta Pastoral del Cardenal Bergoglio (Papa Francisco) Semana Santa 2013. Pascua es Cristo vivo
El Nombre "Francisco"
El Papa Francisco - Punto de Vista 14/3/2013
Los críticos del Papa Francisco - Punto de vista 15/3/2013
Programa En Vivo desde el Vaticano - 16 de Marzo de 2013
Papa Francisco recibe a la presidente de argentina
En vivo desde el Vaticano, con Alejandro Bermúdez y Enrique Elias 18/3/2013
Explicación del Escudo Pontificio de s.s. Papa Francisco
miércoles, 31 de octubre de 2012
lunes, 3 de septiembre de 2012
La mano derecha (Cuentos y Relatos)
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Aguará Guazú (Zorro Grande) |
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Se la tenían jurada en la
estancia a Don Juan. Sabían que era inútil buscarlo entre las pajas bravas del
cañadón, una vez que allí se ganaba. También hubiera sido de gusto buscarlo con
perros de día. Los olía de lejos y cualquier cueva le servía de escondite para
hacérseles humo. De ahí que decidieron ganarle por la astucia. Conocían su
preferencia por las que llevan pluma, sobre todo cuando están gordas y alejadas
de la defensa normal de los gallineros cercanos a la casa.
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Y así fue que le armaron la
trampa. En la tapera vieja. Le ataron una gallina viva y gorda a media altura,
enredándola en un alambre, entre los gajos no muy altos de un naranjo viejo.
Todo parecía haber sucedido de casualidad. La gallina podría haberse alejado de
la casa habitada y la noche la sorprendería picoteando en el patio lleno de
yuyos en la tapera vieja. Allí se habría subido al naranjo para dormir a
seguro, y un alambre quizá de cuánto tiempo olvidado, la habría enganchado
dejándosela a pedir de boca a Don Juan.
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Al menos esa fue la
conclusión a la que llegó el Aguará luego de estudiar desde la distancia y con
cautela la situación con la que se encontró aquella nochecita. El hambre lo
había sacado del pajonal, y antes de arriesgar una cercanía al gallinero había
querido pasar por aquel lugar para averiguar el ruido del aleteo de lo que
podría ser un ave.
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No se dejó convencer muy fácil. Pero al fin el hambre por un lado, y su instinto de cazador solitario por el otro, lo animaron a acercarse. Y lo que vio le confirmó sus esperanzas. La gallina estaba al alcance de sus saltos, y de ninguna manera había allí arriba nada que se pareciera a una trampa. Tenía suficiente experiencia como para conocer dónde había peligro. Y la gallina estaba realmente apetitosa.
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No se dejó convencer muy fácil. Pero al fin el hambre por un lado, y su instinto de cazador solitario por el otro, lo animaron a acercarse. Y lo que vio le confirmó sus esperanzas. La gallina estaba al alcance de sus saltos, y de ninguna manera había allí arriba nada que se pareciera a una trampa. Tenía suficiente experiencia como para conocer dónde había peligro. Y la gallina estaba realmente apetitosa.
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- Dios ayuda al que madruga-
; se dijo, sin percatarse de que otro había madrugado antes que él. De esto se
dio cuenta recién cuando al segundo salto, y casi teniendo ya el ave entre sus
dientes, al caer a tierra sintió el ¡trac! De la trampa de hierro que estaba
escondida entre los pastos del suelo.
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Eso no se lo había esperado.
¡Maldita gula, que lo llevó a descuidarse! La trampa no estaba entre las ramas,
sino donde había puesto la pata. O mejor la mano. Porque la pinza de hierro con
dientes herrumbrados, había agarrado su mano derecha justo por arriba de la
muñeca.
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La sangre comenzó a chorrear y el frío inicial se fue convirtiendo en un agudísimo dolor que le acalambraba todo el cuerpo. Fueron inútiles los esfuerzos. Los dientes penetraban cada vez más en la coyuntura, y la trampa estaba amarrada con alambre al tronco del árbol.
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La sangre comenzó a chorrear y el frío inicial se fue convirtiendo en un agudísimo dolor que le acalambraba todo el cuerpo. Fueron inútiles los esfuerzos. Los dientes penetraban cada vez más en la coyuntura, y la trampa estaba amarrada con alambre al tronco del árbol.
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Bien pronto Don Juan el
Aguará comprendió que todo estaba perdido. De allí no se soltaría, ni podría
llevarse aquella maldita trampa a su cueva. Luego de una noche de dolores
tremendos, llegaría la madrugada y con ella el peón recorriendo al trotecito de
su caballo zaino.
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Abriría desde arriba la tranquera, se acercaría a la tapera, se dejaría caer del caballo con el talero en la mano, arrollada la lonja sobre el puño y libre el cabo para sacudirle el golpe que lo despenaría definitivamente.
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De todo esto no le cabía la menor duda. Aunque a veces el dolor y su instinto de conservación lo llevaban a realizar desesperados esfuerzos por arrancar su mano derecha de la dentadura de fierro que lo atenazaba.
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Abriría desde arriba la tranquera, se acercaría a la tapera, se dejaría caer del caballo con el talero en la mano, arrollada la lonja sobre el puño y libre el cabo para sacudirle el golpe que lo despenaría definitivamente.
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De todo esto no le cabía la menor duda. Aunque a veces el dolor y su instinto de conservación lo llevaban a realizar desesperados esfuerzos por arrancar su mano derecha de la dentadura de fierro que lo atenazaba.
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Y llegó la madrugada. El
golpe del cierre sobre el travesaño de la tranquera lo despertó del letargo.
Allí estaba el peón acercándose al trotecito sobón de su zaino. Don Juan se dio
cuenta de que había llegado el momento decisivo. Había que optar. Y optó.
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Arrimó con rabia sus
afilados dientes a los dientes de hierro de la trampa, afirmándolas justo allí
sobre la herida que producían. Cerró los ojos, y a la vez que daba un tremendo
tirón, mordió con todas sus fuerzas su propia mano, cortándosela a ras del
hierro.
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Allí quedaría su mano
derecha, mientras él, en tres patas y casi sin fuerzas, huía hacia los
pajonales salvando así su vida.
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Consideró preferible salvar
la vida rengo, que terminar con sus cuatro patas bajo el talero del peón.
por Mamerto Menapace,
publicado en Cuentos Rodados, página 65 a 68. Editorial Patria Grande.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Eligiendo cruces (cuentos y relatos)
Estos también es del
tiempo viejo, cuando Dios se revelaba en sueños. O al menos la gente todavía
acostumbraba a soñar con Dios. Y era con Dios que nuestro caminante había
estado dialogando toda aquella tarde. Tal vez sería mucho hablar de diálogo, ya
que no tenía muchas ganas de escuchar sino de hablar y desahogarse.
El hombre cargaba una
buena estiba de años, sin haber llegado a viejo. Sentía en sus pierna el cansancio
de los caminos, luego de haber andado toda la tarde bajo la fría llovizna, con
el mono al hombre y bordeando las vías del ferrocarril hacía tiempo que se
había largado a linyerear, abandonando, vaya a saber por qué, su familia, su
pago y sus amigos.
Un poco de amargura guardaba por dentro, y la había venido
rumiando despacio como para acompañar la soledad.
Finalmente llegó
mojado y aterido hasta la estación del ferrocarril, solitaria a la costa de
aquello que hubiera querido ser un pueblito, pero que de hecho nunca pasó de
ser un conjunto de casas que actualmente se estaban despoblando.
No le costó
conseguir permiso para pasar la noche al reparo de uno de los grandes galpones
de cinc. Allí hizo un fueguito, y en un tarro que oficiaba de ollita recalentó
el estofado que le habían dado al mediodía en la estancia donde pasara la
mañana.
Reconfortado por dentro, preparó su cama: un trozo de plástico negro
como colchón que evitaba la humedad. Encima dos o tres bolsas que llevaba en el
mono, más un par de otras que encontró allí. Para taparse tenía una cobija
vieja, escasa de lana y abundante en vida menuda. Como quien se espanta un
peligro de enfrente, se santiguó y rezó el Bendito que le enseñara su madre.
Tal vez fuera la
oración familiar la que lo hizo pensar en Dios. Y como no tenía otro a quien
quejarse, se las agarró con el Todopoderosos reprochándole su mala suerte.
A él
tenían que tocarle todas. Pareciera que el mismo Tata Dios se las había
agarrado con él, cargándole todas las cruces del mundo.
Todos los demás eran
felices, a pesar de no ser tan buenos y decentes como él. Tenían sus camas, su
familia, su casa, sus amigos.
En cambio aquí lo tenía a él, como si fuera un
animal, arrinconado en un galpón, mojado por la lluvia y medio muerto de hambre
y de frío.
Y con estos pensamientos se quedó dormido, porque no era hombre de
sufrir insomnios por incomodidades. No tenía preocupaciones que se lo quitaran.
En el sueño va y se le aparece Tata Dios, que le dice:
| Eligiendo Cruces |
Pero que después no me vengan con
quejas. La que agarren tendrán que cargarla para el resto del viaje y sin
protestar. Y como usted está aquí, será el primero a quien le doy la
oportunidad de seleccionar la suya, vea, acabo de recorrer el mundo retirando
todas las cruces de los hombres, y las he traído a este galpón grande.
Levántese
y elija la que le guste.
Sorprendido el
hombre, mira y ve que efectivamente el galpón estaba que hervía de cruces, de
todos los tamaños, pesos y formas. Era una barbaridad de cruces las que allí
había: de fierro, de madera, de plástico, y de cuanta material uno pudiera
imaginarse.
Miró primero para el
lado que quedaban las más chiquitas. Pero le dio vergüenza pedir una tan
pequeña. El era un hombre sano y fuerte. No era justo siendo el primero
quedarse con una tan chica. Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó
enseguida, porque se dio cuenta que no le daba el hombro para tanto. Fue
entonces y se decidió por una tamaño medio: ni muy grande, ni tan chica.
Pero resulta que
entre éstas, las había sumamente pesadas de quebracho, y otras livianitas de cartón
como para que jugaran los gurises. Le dio no sé qué elegir una de juguete, y
tuvo miedo de corajear una de las pesadas. Se quedó a mitad de camino, y entre
las medianas de tamaño prefirió una de peso regular.
Faltaba con todo
tomar aún otra decisión. Porque no todas las cruces tenían la misma
terminación. Las había lisitas y parejas, como cepilladas a mano, lustrosas por
el uso. Se acomodaban perfectamente al hombro y de seguro no habrían de sacar
ampollas con el roce.
En cambio había otras medio brutas, fabricadas a hacha y
sin cuidado, llenas de rugosidades y nudos. Al menor movimiento podrían sacar
heridas.
Le hubiera gustado quedarse con la mejor que vio. Pero no le pareció
correcto. El era hombre de campo, acostumbrado a llevar el mono al hombro durante
horas.
No era cuestión ahora de hacerse el delicado. Tata Dios lo estaba
mirando, y no quería hacer mala letra delante suyo. Pero tampoco andaba con
ganas de hacer bravatas y llevarse una que lo lastimara toda la vida.
Se decidió por fin y
tomando de las medianas de tamaño, la que era regular de peso y de terminado,
se dirigió a Tata Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz.
Tata Dios lo miró a
los ojos, y muy en serio le preguntó si estaba seguro de que se quedaría
conforme en el futuro con la elección que estaba haciendo. Que lo pensara bien,
no fuera que más adelante se arrepintiera y le viniera de nuevo con quejas.
Pero el hombre se
afirmó en lo hecho y garantizó que realmente lo había pensado muy bien, y que
con aquella cruz no habría problemas, que era la justa para él, y que no
pensaba retirar su decisión. Tata Dios casi riéndose le dijo:
-Ven, amigo. Le voy a
decir una cosa. Esa cruz que usted eligió es justamente la que ha venido
llevando hasta el presente. Si se fija bien, tiene sus iniciales y señas. Yo
mismo se la he sacado esta noche y no me costó mucho traerla, porque ya estaba
aquí. Así que de ahora en adelante cargue su cruz y sígame, y déjese de
protestas, que yo sé bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para llegar
mejor hasta mi casa.
Y en ese momento el
hombre se despertó, todo adolorido del hombro derecho por haber dormido
incómodo sobre el duro piso del galpón.
A veces se me ocurre
pensar que si Dios nos mostrara las cruces que llevan los demás, y nos
ofreciera cambiar la nuestra, cualquiera de ellas, muy pocos aceptaríamos la
oferta. Nos seguiríamos quejando lo mismo, pero nos negaríamos a cambiarla. No
lo haríamos, ni dormidos.
por Mamerto
Menapace, publicado en Cuentos rodados, Editorial Patria Grande
lunes, 16 de julio de 2012
domingo, 19 de octubre de 2008
El voto católico - Aci Prensa
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domingo, 3 de abril de 2005
El Cónclave - Cómo se elige un Papa
La muerte de Juan Pablo II mostró que la elección de un Sumo Pontífice es un hecho de interés mundial. Con
Benedicto XVI son ya 265 papas los que han
venido pilotando la nave de la Iglesia desde la muerte de Cristo. ¿Cómo
fueron designados?
La secuencia de veinte siglos de elecciones papales encierra episodios dramáticos: crisis, cismas, y luchas contra las presiones de las grandes potencias. Este documental traza esta apasionante historia. Muestra también cómo se prepara un cónclave, con todos sus minuciosos ritos y secretos.
La secuencia de veinte siglos de elecciones papales encierra episodios dramáticos: crisis, cismas, y luchas contra las presiones de las grandes potencias. Este documental traza esta apasionante historia. Muestra también cómo se prepara un cónclave, con todos sus minuciosos ritos y secretos.
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| Escudo papal de Juan Pablo II |












