"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
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viernes, 21 de diciembre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
martes, 2 de octubre de 2012
Con la Biblia en la mano: El género apocalíptico en el Antiguo Testamento
Introducción
Un nuevo movimiento
teológico y literario se descubre en los libros escritos en la época judaica
después del exilio. No son meras reflexiones literarias, encierran en ellos una
concepción filosófica y teológica del mundo y de la historia que nos sitúan
ante un momento histórico de evolución del pensamiento. “Apokalypsis” es un término griego, significa revelación. El género
apocalíptico, según W. Baumgartner, tiene unos rasgos característicos en sus
descripciones, de los que subraya: impaciencia escatológica, cálculo preciso
del fin de los tiempos, amplitud y fantasía de la historia, horizonte cósmico e
histórico universal, simbolismo de los números y lenguaje esotérico, doctrina
de los ángeles y esperanza del más allá…
Aunque algunas veces los
profetas se han valido de estas descripciones no se puede emparejar profecía
con apocalíptica, no hay que hacerlo. Para el profeta la irrupción de Dios en
la historia implica un rechazo de las actitudes religiosas tradicionales que
daban lugar a una infidelidad radical. Dios irrumpirá con una nueva alianza,
hará nuevas todas las cosas, todo lo viejo pasará, solo pide al hombre una
actitud de conversión, de querer ser fiel a Dios. En la apocalíptica la
irrupción de Dios al fin de los tiempos será para premiar la observancia de la
ley en su sentido más estricto y literal.
Los escritos apocalípticos
se tienen que situar más bien en la mentalidad de la tradición sapiencial. El
papel del sabio que se coloca como el que penetra en el oscuro misterio de los
designios de Dios. Su ciencia está fundamentada en numerosos planteamientos
cosmológicos y astronómicos. Su preocupación fundamental es el conocimiento de
la historia y de la naturaleza para saber interpretar su fin último. Se
caracterizan estos autores por pecar de deterministas: “Dios ha determinado
para todas las naciones y para todos los hombres sus tiempos”. La doctrina
apocalíptica se mueve por tanto en una visión universal de los designios de
Dios. Otra característica de estos escritos es el utilizar recursos históricos
normalmente anteriores y fingir lugares es para situar la narración fuera de lo
real, uniéndolo además a una gran riqueza de elementos metafóricos y
simbólicos. Todo esto da a la literatura apocalíptica ese aire misterioso y
esotérico que frecuentemente crea tantos problemas a la hora de interpretar el
mensaje. Con todo esto, es en la época histórica posterior al exilio donde toma
auténtico interés el género apocalíptico en los profetas y aunque existen
infiltraciones de este género en profetas anteriores, por las semejanzas
literarias, son sin duda añadidos de esta última hora.
Esta literatura teológica
bíblica produjo un lenguaje y un mensaje específicos en los que reina un
pesimismo radical respecto al presente, considerándolo como la época del mal y
del reinado de Satanás. Todas sus páginas marcan una visión dualista, que
oponen al presente frente a un futuro en el que triunfará el bien. En una lucha
vivida en la esperanza de un Mesías aniquilador y vencedor del propio Satanás.
El reino de Dios al final de la historia se alzará triunfante en unos cielos y
una tierra nueva donde la humanidad será salvada al ser aniquilado este mundo
presente. En esta época histórica, la espera de una intervención de Yahvé se hace tan necesaria y urgente, ante la
desesperanza del presente, que suspiran por la eminencia de un futuro que deje
de ser terreno para convertirse en una existencia atemporal.
Los
profetas posteriores a la cautividad babilónica.
La vuelta de los hebreos a
la tierra de Palestina, por edicto del rey persa Ciro en el año 538 (Esdras
1,2-4), se ve envuelta en una desilusión nacional. La restauración fue penosa y
poco motivadora. Podemos destacar en este período estas características:
- Una fuerte acentuación apocalíptica y escatológica ante la idea mesiánica.
- Desarrollo de una religión legalista impulsada por la influencia de los líderes sacerdotales, basando todo compromiso religioso en el culto del Templo, ritos…
- La vuelta a la tradición –es en esta época cuando los escribas redactan las grandes epopeyas sagradas-.
Estas ideas se reflejan en
los escritos de los profetas postexlio.
Ageo
Se caracteriza por sus
esfuerzos en estimular a los judíos repatriados en la reconstrucción del templo
de Jerusalén. Que se terminó entre el 520 y el 515 a.C.
Su mensaje profético va
encaminado a impulsar y animar para recuperar la gloria de la casa de Yahvé Sebaot, incluso haciendo un
llamado universal a todos las gentes, para hacer real esa reconstrucción, pero
después de una catastrófica sacudida de toda la naturaleza creada (2, 1-9).
Zacarías
Es una obra muy interesante
pues en ella se encuentra el profetismo veterotestamentario con el nacimiento
del judaísmo y los principios del género apocalíptico. A pesar de utilizar
visiones para comunicar su mensaje, anuncia una esperanza próxima, a fin de
consultar al pueblo desanimado. Pone su fuerza de liderazgo en el sacerdocio,
la realeza tiene un papel secundario y el profetismo tampoco lo considera con
fuerza suficiente para levantar el ánimo del pueblo. El libro sin duda se lo
puede atribuir a dos autores, pues como en el libro de Isaías, se distinguen
dos manos y dos épocas notablemente diferentes.
El primer Zacarías
(capítulos 1 a 8) y el segundo Zacarías (Capítulos 8 a 14).
- Zacarías fue contemporáneo de Ageo. Comienza su predicación en octubre del 520 a.C.
Su
estilo se podría situar, como Ezequiel, en la escuela barroca, llena de
imágenes y símbolos. Sus oráculos en prosa están estructurados en ocho visiones
surrealistas mucho más cargadas y densas en detalles que las narraciones de
Amós.
- La segunda parte de este libro está escrito en poesía. Contiene tradiciones literarias de épocas muy distintas, que fueron reunidas por un autor desconocido, sin duda de la época helénica, pues en el poema 9,1-17 aparece Alejandro Magno en su conquista de las ciudades sirio-palestinas. La salvación definitiva se describe con la victoria de Yahvé contra los enemigos de Israel, simbolizada en hechos presentes. A pesar de reflejar una situación político-religiosa en crisis, a lo largo de todo el texto podemos destacar un siglo de esperanza ante la figura mesiánica de un rey pacificador y manso que se acerca triunfante en un borrico (8,9-10), pasaje que fue tomado en los evangelios para la entrada de Jesús en Jerusalén. Es un personaje escatológico que se encuentra más allá de la historia. Con ello desaparece el concepto tradicional del poder terreno político-militar del mesianismo davídico. Zacarías marca el paso de un mensaje profético escatológico a un mensaje apocalíptico, más allá de la historia.
Malaquías
Profeta desconocido que
recibe este nombre del versículo 3,1 “mensajero de Yahvé”. Aunque se presenta
al final de los libros proféticos, fue compuesto entre Ageo y Zacarías
reorganizado en la época de Estradas-Nehemías. Contiene seis diálogos de fuerte
recriminación sacerdotal y cultura, muy preocupado también por la moralidad de
costumbres, sobre todo por la pureza del matrimonio. Desde el comienzo anuncia
una nueva era abierta a una integración universal en el culto al único Señor
del cielo y de la tierra (1,11). También es interesante destacar dos mensajes
de esperanza recogidos en la tradición cristiana: 3,1-5 el mensajero del Señor
que purifica y limpia como fundidor y batanero. El segundo texto es el anuncio
de la vuelta de Elías como precursor de la era mesiánica 3,24-25.
Abdías
Desconocido profeta. Es el
escrito más breve del Antiguo Testamento, con sólo 21 versículos, sin duda compuesta
en dos épocas (versículos 1-15 y versículos 16-21) pero la redacción final es
post exilio. Contiene un duro ataque contra los edomitas, descendientes de
Esaú, enemigos tradicionales de Israel, que se oponían a la reconstrucción del
Estado.
Joel
Hijo de Petuel, se le sitúa
hacia el 400 a.C. Predicador de la penitencia como preparación para “el día de
Yahvé”. Este pequeño libro, está estructurado en dos escenas:
Capítulos 1-2: Nos narra dos
plagas endémicas de la agricultura oriental, la sequía y la invasión de
Langostas: termina esta primera parte con una solemne liturgia penitencial.
Capítulos 3-4: Se introduce
en la corriente apocalíptica. Acentuando la piedad cultural y legalista. Es
interesante recordar que el versículo 3,12 fue tomado por S. Pedro en su
discurso de pentecostés “Después de esto yo derramaré mi espíritu”. En los
últimos días el espíritu del Señor será derramado sobre toda la comunidad
(Conforme Romanos 5,5) pero el profeta termina con la cólera divina derramada
sobre los impíos en el valle de Josafat. (en hebreo “Dios Juzga”), en
Jerusalén.
En algunos profetas
anteriores a esta época como Ezequiel (38-39) encontramos escenas apocalípticas
en las visiones explosivas y en las escenas del triunfo divino sobre la derrota
de su enemigo. Los capítulos apocalípticos del libro de Isaías son sin duda de
esta época: El gran Apocalipsis (Isaías 24-27) destacándose la imagen del
banquete 25, 6ss-8 y el canto de la resurrección 26,14-19 donde la muerte será
eliminada. El Apocalipsis menor (Isaías 34-35) Veremos escenas de lucha entre
tinieblas, juicios, cólera… destrucción. Capítulo 34 y el triunfo de la luz,
con imágenes de florecer, salud, alegría del bien que triunfa capítulo 35.
Sin duda nos queda por
comentar la gran figura apocalíptica del profeta Daniel que merece todo un
capítulo.
lunes, 1 de octubre de 2012
La Biblia como fondo: Selección de Personal
La técnica de selección de
personal parece que sea una cuestión propia de nuestros días pero no es esta la
realidad, fue ya empleada hace muchos siglos por el juez Gedeón y lo hizo
inspirado por el mismo Dios.
Cuando se pretende organizar
una gran empresa se presentan muchos aspirantes. Una primera selección se hace
espontáneamente cuando los candidatos conocen los riesgos y peligros que
comporta el oficio. Viene después la tan temida prueba psicotécnica, temida por
lo desconcertante que resulta incluso para los más aviesos.
En el pasaje que hoy
comentamos, del libro de los Jueces capítulo 7, Gedeón emplea estas técnicas de
selección de personal al reclutar un ejército que ha de luchar contra los madianitas, semitas
éstos que corren por los llanos apropiándose de los sembrados que estén a punto
de segar. La iniciativa de Gedeón, atractiva en sí, comporta muchas
dificultades y peligros, de aquí que él mismo les meta miedo y 22.000
israelitas se retiran a sus pagos.
Quedan solo 10.000, pero aún
así le parecen demasiados a Dios y aquí llega la última selección. Después de
someter al ejército a un duro ejercicio deberá atravesar un riachuelo, aquellos
que mojen fugazmente sus labios sin apenas agacharse serán elegidos, los que
hinquen sus rodillas en el suelo y beban ávidamente se les deberá despedir.
Quedan después de la prueba trescientos. Son suficientes.
Con gente audaz y la ayuda
de Dios se pueden hacer maravillas. El espionaje alerta de que el miedo invade al enemigo y Gedeón decide no
retrasar el ataque. Aquella misma noche, armados únicamente de cuernos que
sonarán como aullidos en la obscuridad, de antorchas que desconcentrarán y lo
incendiarán todo, y cántaros que al romperlos violentamente llenarán de ruido
ensordecedor el campamento, efectúan el ataque por sorpresa.
Lo de ataque es un decir,
pues los enemigos no presentan batalla, huyen despavoridos y, enloquecidos, se
matan unos a otros. La victoria pues, ha llegado sola.
La victoria pues, hay que
atribuirla a Dios que ha tenido la iniciativa y ha metido el miedo dentro de
los enemigos. Gedeón sabe reconocerlo y, a pesar de que pretenden elegirlo rey,
humildemente declina la invitación, sólo Dios es rey de su pueblo. Relata
entonces la más antigua parábola que nos ofrece la Biblia, una parábola llene
de ironía chusca, que es una maravilla.
No dejéis de leerla en el
texto sagrado y aprended de Gedeón a dar a Dios lo que es de Dios y a nunca
atribuirse como propios los méritos que solo son de Él.
P.-J. Ynaraja,
viernes, 28 de septiembre de 2012
Con la Biblia en la mano: El Deutero-Isaías
El período de la cautividad
Nos encontramos al final de
la época del exilio, hacia el siglo VI, cuando seguramente un discípulo de
Ezequiel, una persona autónoma conocida por el apelativo de “Segundo Isaías”
escribe los capítulos 40-55 de Isaías, un libro de consolación del pueblo en el
destierro.
La expiación ha terminado,
comienza el don de la liberación 40,1-5. Este es el cometido del nuevo profeta,
estimular a los israelitas a volver a la tierra de sus padres.
Esta misión ciertamente no
era fácil. A pesar de ser extranjeros en babilonia, los judíos deportados se habían
instalado bien en aquel país y comenzaban a gozar de cierta presencia social y
económica, pues según documentación arqueológica de aquella época, constituían
una comunidad con comercios, bancos y centros de estudio.
Dejar todo eso para volver a
una tierra arrasada, donde tendrían que empezar de cero no era cosa fácil de
asumir.
Por eso la misión del
profeta consistía en animar a los israelitas a restaurar su pueblo,
construyendo de nuevo la nación y el Templo.
El retorno
El tema de su anuncio es la
expiación ha terminado, comienza el don de la liberación. El retorno a la
patria es precedido por una etapa de purificación y abandona en Dios, es un
segundo éxodo, un cruzar un nuevo camino bajo la guía del Señor 49,19.
Una segunda liberación del
pueblo de un país extranjero, que es descrita por medio de símbolos
libertadores: 41,8-16, las cadenas rotas, el canto de la libertad 43,14-17 el
mar que destruye la opresión, el caminar por el desierto hacia la tierra soñada
43,18-21.
Una liberación que es pura
misericordia de Yahweh 43,22-25.
Es este profeta, en cierto
sentido, el que inició el sionismo, el retorno a la tierra prometida bajo la
acción de Dios, señor de la historia y del cosmos 40,12-31, e impulsados por su
“mesías”, su enviado Ciro.
El protagonista principal de
este período histórico es el rey persa Ciro, que se presenta como conquistador
del imperio babilónico c. 47. El emperador persa es celebrado en varios poemas:
41,1-5.21-29; 45,1-7.9-13; 46,9-11; 48,12-15, en todos ellos se le proclama
como instrumento de liberación. Es el enviado de Dios, su “mesías”, es decir,
su ungido y consagrado, el que va a hacer posible la reparación de los judíos a
Jerusalén c.52.
Salvación universal
La nueva alianza, anunciada
por los profetas que le precedieron, como renovación total en el plano
personal, es ampliada en este libro extendiéndola hasta una renovación cósmica
de todo lo creado, una nueva creación. Yahweh es el único Dios y el Señor
universal de todo lo creado. Es un nuevo concepto del señorío de Dios en
relación con la humanidad.
Ya no se presenta como Dios
exclusivo de Israel que lucha a su favor vengándolo ante los demás naciones
enemigas de su pueblo. Aquí las naciones son vistas como participando de un
plan universal de salvación que Dios proyecta para toda la humanidad incluso a
lo largo de toda la historia, 41,1-5; 42,10-13; 45,20-26; 49,6.
Es Dios quien realiza por sí
mismo la liberación temporal y espiritual 43,1-13. Todo esto suscita la
esperanza de un camino total y definitivo de la historia.
El Siervo de Yahweh.
Estamos ante en el tema
principal del libro, los llamados “cantos del Siervo de Yahweh”. Cuatro poemas
que exaltan una nueva concepción de la figura mesiánica.
Un personaje escatológico,
una figura más allá de los conceptos anteriores. Un ser de los últimos tiempos
que abre la nueva y definitiva revelación del plan salvífico de Dios.
¿Quién es en realidad este
Siervo de Yahweh? ¿Se trata de un colectivo: el Israel histórico? ¿Una persona
de la época o una figura del futuro?
Sin duda el mensaje era muy
superior a la capacidad de comprensión del profeta y de sus auditores. Hasta este
momento, los profetas habían anunciado al Mesías sin tener ciertamente la idea
clara de cómo éste se manifestaría en realidad. Sus capacidades humanas no les
daba para captar hasta el fondo lo que Dios manifestó al cumplirse los días
mesiánicos (I corintios 2,6-10). La realidad superó cualquier concepto humano.
A propósito del personaje
que aquí tratamos se da un paso en profundidad, una novedad cualitativa, hasta
entonces impensable, el concebir el sufrimiento y la muerte como satisfacción
salvífico. Para el Antiguo Testamento esta idea es completamente revolucionaria.
Ciertamente que el
sufrimiento del pueblo en el exilio le dio una cierta madurez para aceptar este
mensaje de satisfacción vicaria. La figura del Mesías sufriente lo sitúa sin
duda en un nivel escatológico más allá de la historia, en el plano del Dios que
salva. Dios cambia los cánones de la historia humana presentando el triunfo a
través de una imagen sufriente.
Primer canto 42,1-4.- El Siervo
es investido de su misión de profeta anunciador a la humanidad entera (“las
islas”). Un anuncio de gracia y esperanza con gestos de construcción
pacificadora.
Segundo canto 49,1-6.- Es el siervo el que habla en primera persona
al presentarse como el escogido por el propio Yahweh que le ha formado desde el
seno materno para anunciar la salvación hasta los confines de la tierra.
Tercer canto 50,4-9.- Aquí
vemos al siervo que narra los ultrajes de su sufrimiento, golpeando y
maltratado, despreciado y agredido, pero que se mantiene fiel a su misión de
discípulo, seguro de que su victoria está próxima, porque su apoyo y seguridad
le viene de Dios.
Cuarto canto 52,13 53-12.-
Es el culmen de su vida. Su final trágico con el que conquistará la victoria
para todos: Humillación – glorificación, Muerte y salvación. Es un hombre
desfigurado y digno de desprecio, ante todos es considerado como condenado por
el mismo Dios.
Sin embargo, son los
espectadores los que merecen los castigos que éste está sufriendo. Ha tomado
sobre sí nuestro dolor y castigo y marcha dócil cargando con nuestras culpas.
Pero Dios no permitirá que todo termine con su muerte. Su triunfo será un
resurgir vivo y gratuito en un mundo condenado a la muerte.
Su sufrimiento inocente y
expiador nos ha liberado, ha reconciliado a todo el pueblo de Dios.
Jesús el mesías
Esta
figura del Siervo, nos coloca ante una de las profecías más claras del Mesías
Jesús. Su vida de elegido, profeta, mensajero universal,… su pasión y muerte y
por último la glorificación en su resurrección, sitúa la fe cristiana ante el
cumplimiento en Cristo de toda la trayectoria bíblica del mensajero salvífico.
Porque la postura del
cristiano al situarse ante el Antiguo Testamento le lleva a ver en todo este
Libro Sagrado una proclamación del mensaje profético de Cristo. Desde el
Génesis hasta el último profeta se proclama el caminar de la historia
abriéndose a ser salvada por Dios y es con Jesús muerto y resucitado donde el
hombre alcanza la meta histórica de la “plenitud de los tiempos”.
Con Cristo cambia
definitivamente el sentido de la historia y se inicia una nueva y eterna
alianza que tiene proyección universal y escatológica.
En Jesús queda también
superada la tensión entre mesías-hombre y mesías-celestial, entre al hijo de
David y la intervención directa del mismo Dios.
Jesús Dios y Hombre supera
todo razonamiento humano.
Con todo esto se comprende
la unidad de todos los libros bíblicos, pues aunque escritos en distintas
épocas históricas y con diversas motivaciones inmediatas a través de sus
páginas se descubre la presencia inspiradora del Espíritu Santo que iba
conduciendo la historia del Pueblo de Dios, haciéndola historia de salvación,
hasta culminar con la encarnación del verbo, llevando la historia a su plenitud
(He 1,1-4)







