"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco
"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
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domingo, 5 de junio de 2022
lunes, 17 de diciembre de 2012
martes, 23 de octubre de 2012
sábado, 6 de octubre de 2012
El Mar Muerto: Un lago tan salado que en él no existe vida
A
unos ochenta kilómetros al este del Mediterráneo se encuentra una masa de agua
relativamente pequeña, que los antiguos hebreos llamaron Mar de la Muerte. Este
nombre expresaba con singular exactitud el carácter de este lago. Porque
ciertamente, con unas aguas tan saladas que
en ellas sólo pueden sobrevivir unos pocos tipos de microorganismos,
bien se lo puede llamar Mar Muerto, que es el nombre que ha prevalecido.
El Mar Muerto presenta un
conjunto de curiosas características, algunas de ellas francamente
excepcionales. Por estar su cuenca situada a trescientos noventa y cinco metros
bajo el nivel del mar, resulta ser la zona más hundida de la superficie de la
Tierra.
Sus aguas son seis veces más
saladas que las de cualquier océano, siendo además el lago salado de mayor
extensión del mundo.
El Mar Muerto, situado en
una profunda depresión natural, no tiene salida para las aguas que le llegan
procedentes del río Jordán.
No obstante, el nivel del
lago pertenece bastante estable gracias al alto grado de evaporación que aquí
impera a consecuencia del clima cálido y seco.
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| Mar Muerto |
Y estas aguas son
intensamente saladas porque las sales
trasportadas por los ríos se quedan retenidas, y no se evaporan.
Los únicos seres vivos que
moran en ese mar son microorganismos halófilos (adaptados a la sal). Y casi
igual de hostil que el agua para toda manifestación de vida es también la
tierra que rodea al Mar Muerto, una tierra uniformemente seca y asimismo
salina; la única flora que asoma en los alrededores del lago son arbustos
espinosos, acacias y algunos manojos de hierbas.
La única excepción notable
en la aridez del Mar Muerto es Ein Gedi, una reserva natural protegida por el
gobierno, que se encuentra en el centro de la orilla occidental. Desde tiempos
bíblicos ese lugar ha sido un fértil Oasis.
En la orilla norte del Mar
Muerto se encuentra tan solo unos pocos restos de asentamientos humanos. En
cambio, en la costa sur la presencia del hombre ha sido evidente desde siempre,
sabiéndose que las gentes que allí vivían en épocas antiguas se dedicaban a
extraer los ricos minerales que se hallaban en las partes menos profundas de
las aguas de este mar.
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| Mar Muerto: Pilares de sales formados en baja mar |
Hoy día, cerca de la ciudad
de Sedom, los israelitas han construido un complejo sistema de canales, cuencas
de evaporación y fábricas para la obtención de potasio, magnesio, cloruro
cálcico, cloruro sódico y otros compuestos químicos que se pueden extraer de
las sales del Mar Muerto.
La moderna ciudad de Sedom,
en el extremo meridional del lago, está cerca de las sumergidas ciudades de
Sodoma y Gomorra, a las que se refiere el Génesis.
Según se lee en la Biblia,
Sodoma y Gomorra fueron destruidas por el fuego y el azufre.
Algunos científicos
sostienen que probablemente la causa científica
para que estas ciudades desaparecieron fue que durante algún terremoto,
que hizo que las lámparas se cayeran y prendieran fuego a los depósitos locales
de asfalto, substancia muy abundante en la zona.
El Génesis narra también
como la mujer de Lot, sobrino del Patriarca Abraham, se convirtió en estatua de
sal al desobedecer las instrucciones de los ángeles, que le habían avisado de
la inminente destrucción de las citadas ciudades.
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| El Mar Muerto |
Los estudiosos de la Biblia
establecen un paralelismo entre esta historia y la presencia de grandes bloques
de sal, dispersos a lo largo de las orillas del lago, y muy a menudo presentan
formas que tienen un extraño y sorprendente parecido con figuras humanas.
Entre los lugares de interés
histórico de la zona se destacan la fortaleza de Maqueronte, donde según el historiador
judío Flavio Josefo, fue decapitado San Juan Bautista.
A lo largo de la orilla
sudoeste se yerguen aún las torres de una antigua fortaleza que se convirtió en
el símbolo del heroísmo nacionalista judío: Masada.
En este lugar un grupo de
hombres, mujeres y niños, que en conjunto no llegaban al millar, durante la
revuelta judía del año 70, y que hizo
frente al asedio de las fuerzas romanas formado por unos quince mil legionarios
romanos durante casi dos años en defensa del último bastión del dominio judío
en Tierra Santa, cuando finalmente los romanos abatieron los muros de la
fortaleza y se vio claro que Masada iba a ser tomada por el enemigo, todos los
judíos prefirieron suicidarse antes que rendirse. Solo unos pocos se salvaron y
contaron la historia.
La localización de la
fortaleza de Masada fue, durante mucho tiempo, la gran preocupación de muchos
arqueólogos, que entre los años 1950 y 1960 tuvieron la satisfacción de ver sus
esfuerzos ampliamente recompensados: Se sacaron a la luz almacenes, palacios y
obras de defensa, así como la sinagoga y el baño ritual más antiguo de todos
los que se conocen en Israel.
Para muchos la sola mención
del nombre del Mar Muerto trae a la memoria una serie de notables
descubrimientos arqueológicos que tuvieron lugar en la zona noroeste del lago
en 1947.
En la primera de dicho año,
un joven beduino pastor de cabras, llamado Mohammad, estaba buscando uno de sus
animales que se le había perdido cerca de las ruinas del asentamiento religioso
de los esenios en Qumrán, cuando vio, en las escarpadas rocas de la ladera de
la colina, una cueva que no le era familiar.
Despreocupadamente tiró una
piedra dentro de ella, y con gran sorpresa oyó el ruido de algo que se rompía.
El joven se alejó corriendo asustado.
Pero más tarde volvió con un
amigo, con la intensión de aclarar lo que tanto le había sorprendido. Los dos
entraron en la cueva, y en su interior encontraron varias jarras grandes y
tapadas, una de ellas rota por la piedra que había tirado.
Cuando los muchachos
levantaron las tapas, un intenso y nauseabundo olor invadió la cueva. El olor
procedía de lo que había dentro de las jarras: unos atados envueltos en tela y
recubiertos de una substancia negra, pareciuda al asfalto.
Los muchachos tomaron con
cuidado los atados, y los abrieron. Y lo que encontraron en ellos fueron unos
rollos de pergaminos profusamente escritos, no sabían con exactitud qué era
aquello, pero enseguida presintieron que se trataba de algo de valor. Llevaron
algunos rollos l mercado beduino, cerca de Belén, y los vendieron a un
anticuario.
Meses más tarde, el
anticuario enseño los pergaminos al profesor Eliazar Sukenik, un arqueólogo de
la Universidad de Jerusalén, Sukenik fue el primero en reconocer la antigüedad
de los pergaminos, y en apreciar su importancia y su valor. Poco después, en
mayo de 1948, una publicación especializada anunció al mundo el descubrimiento
de lo que, desde entonces, se llamarían los royos del Mar Muerto.
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| Fragmento de uno de los manuscritos |
Hasta el año 1956 los
arqueólogos fueron recuperando de las cuevas próximas a Qumrán cientos de
rollos de pergaminos, cuyos escritos se fechan entre el 300 a.C. y el 100 d.C.
Los eruditos determinaron
que los propietarios de estos manuscritos debieron ser los esenios, miembros de
una secta judía que se formó precisamente en Qumrán.
Sin duda aquellos esenios
esconderían todos sus documentos en las cuevas poco antes de que Qumrán fuera
arrasada por los soldados romanos en el año 68, después de la sublevación judía
contra Roma que termina con la destrucción del Templo y los hechos de Masada
entre otros tras la victoria de Tito.
Entre los manuscritos
encontrados había documentos de incalculable valor histórico sobre un período,
temprano y oscuro del judaísmo, así como también algunas versiones sobre varios
libros del Antiguo Testamento.
Pero lo más preciado entre
toda esa colección de manuscritos, son los que reproducen el texto hebreo del
profeta Isaías, el primero de esos manuscritos consiste en un rollo de unos
veinticincos centímetros de altura (formado por diversos trozos cocidos entre
sí), que formaban una tira que pasa de los siete metros de longitud. El otro se
halló en bastante mal estado de conservación, y tuvo que ser sometido a un
minucioso trabajo de restauración.
En general, todos esos
textos proféticos encontrados en Qumrán revelan la gran importancia que tuvo la
existencia de los profetas en la sociedad de su tiempo; su labor ayudó en gran
medida a modernizar la vida de aquel pueblo pequeño y laborioso.
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| Yigael Yadin estudia los Papiros del Qumrán |
No cabe duda de que fue
gracias a los profetas enviados por Dios, sus ideas religiosas y sociales, que
el pueblo de Israel logró sobrevivir mientras otros más fuertes y poderosos,
grandes imperios inclusive, se hundieron para siempre.
Los esenios pusieron mucho
cuidado en proteger los escritos de Qumrán para conservarlos a las generaciones
futuras, cuando las circunstancias se hicieron difíciles y peligrosas, y esa fue
la razón por las que estuvieran tan bien guardados en las cuevas ignoradas de
Qumrán.
En ese mar, que tanto
significó en el pasado, en cuyas orillas vivía y se movía mucha gente, conoció
luego siglos de silencio y de soledad. Pero hace poco tiempo, nuevas
actividades han empezado a surgir a su alrededor.
Y podría darse incluso la
paradoja de que ese mar, desde siempre sin vida en sus aguas, en su entorno
asimismo pobre e infecundo, tuviera el extraño poder vital de renacer, de salir
(como anunciaron los profetas), de su larga quietud se siglos.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Ciudades Bíblicas: Cafarnaúm La ciudad de Jesús
La suegra curada por Jesús
es la primera diaconisa del Nuevo Testamento
Dejando Nazaret Jesús fue a
hablar a Cafarnaúm, en hebreo Kefar Nahum o Pueblo de Nahum, situado en la
orilla noroeste del lago de Tiberíades, en territorio de Zabulón y de Neftalí, donde
el profeta Isaías veía brillar “una luz grande” (Mateo 4,13-16).
A partir de ese día el
pueblo de pescadores se convirtió en “su” ciudad, la ciudad de Jesús (Mateos
9,1). Es aquí donde Jesús llama a los primeros apóstoles: a Pedro y a su
hermano Andrés, a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, y esto en discrepancia con
el uso de entonces que era dejar a los discípulos la elección de su maestro.
Jesús a quien quiere. Los cuatro nuevos discípulos estaban pescando o reparando
las redes cuando Jesús los llama (Mateo 4,18-22). El escritor francés, Françoís
Mauriac, dice que “Cafarnaúm es la epifanía (manifestación) de Cristo en lo cotidiano”.
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| Ruinas de Cafarnaún y la Iglesia construida sobre la casa de Pedro |
Jesús
cura a un paralítico en casa de Pedro
En el relato de la curación
del paralítico (Marcos 1,12) en casa de Pedro, el evangelista añade un inciso:
Jesús vivía en casa de su discípulo, es decir la casa y la barca de Pedro eran
la casa y la barca de Jesús. Al tener en cuenta que la casa de Pedro tenía como
techumbre estacas y cañas entrelazadas, unidas con arcilla, por lo que era
fácil a los que transportaban al paralítico en una camilla, hacer un boquete en
el techo para descolgar la camilla en la que yacía el paralítico y así
presentarlo a Jesús.
Jesús
paga el impuesto del Templo
Mateo narra en Cafarnaúm el
episodio del tributo que todo israelita pagaba al Templo de Jerusalén a partir
de los 20 años de edad. Los que cobraban el impuesto se dirigieron directamente
a Pedro porque sabían que Jesús era huésped de Pedro. La moneda de plata que el
apóstol saco del pez para pagar el impuesto suyo y el de Jesús (Mateo 17,24-27)
valía un siclo y bastaba para los dos. Algunos exégetas creen, basándose en
este relato, que Jesús estaba inscrito en el registro civil de Cafarnaúm.
La
casa de Pedro transformada en lugar de culto
Los padres franciscanos
Virgilio Corbo y Stanislao Loffreda han sacado a la luz gran parte de
Cafarnaúm: casas privadas construidas en el siglo II a.C. y en uso hasta el
siglo IV d.C. La casa de Pedro no se diferencia de las otras. Estaba formada
por pequeñas habitaciones cubiertas con techumbre, situadas en torno a un gran
patio a cielo abierto. Al igual que las otras casas de la ciudad, también la de
Pedro tenía idéntica técnica mural, idéntico pavimento, presencia de fogón en
el patio y escaleras exteriores para ecceder al techo. A causa de la exigua
distancia al lago, las casas no comportaban ni cisternas ni servicios
higiénicos. La casa de Pedro fue venerada por los cristianos a partir de la
primera mitad del siglo I y estaba destinada por la primera comunidad a lugar
de reuniones. Así lo manifiestan los numerosos grafitos de los primeros siglos,
trazados en lenguas griega, aramea, siríaca y latina, invocando el nombre de Jesús,
el Kyrios. Hay también grafitos que
reproducen fórmulas e invocaciones litúrgicas.
La
casa de Pedro visitada por los peregrinos
Desde el punto de vista
arqueológico la domus-ecclesia de
Pedro del siglo IV constituye un descubrimiento único. Tiene estructura
tripartita, con un atrio al este y el punto focal al oeste. Además, el edificio
está separado del resto por un muro que rodea el terreno. Estos elementos nos
evocan la planta general del Templo de Jerusalén. Estas afinidades no son
accidentales, cuando se sabe que Cafarnaúm era en los cuatro primeros siglos de
nuestra era, un centro de cristianos de origen judío. La virgen Egeria que
visitó Tierra Santa en el siglo IV escribe en su diario: “En Cafarnaúm la casa
del príncipe de los Apóstoles ha sido convertida en iglesia. Sus paredes están
hoy como entonces fueron”. Hacia la segunda mitad del siglo V los bizantinos
construyeron una iglesia de planta octogonal e implantaron el octógono central
sobre la casa venerada. El anónimo peregrino de Piacenza, que visitó el lugar
entre los años 560-570 d.C., recuerda esta última transformación de la casa,
cuando escribe: “Después llegamos a Cafarnaúm, a la casa de Pedro que ahora es
una basílica”.
Cómo pasó Jesús un sábado en
Cafarnaúm
Los arqueólogos franciscanos
han hallado un descampado entre la casa y el “cardo máximus” que franquea
la casa al este, hacia el lago. Lo que confirma la frase de Marcos: “Después de
algunos días entró (Jesús) en Cafarnaúm y se corrió la voz de que estaba en
casa (de Pedro). Acudieron tantos que no cabían delante de la puerta” (2,1-2).
El evangelista Marcos nos
refiere con vivacidad cómo Jesús pasó un sábado en Cafarnaúm. Primero, va a la sinagoga en donde sana a un hombre con
espíritu inmundo; segundo, va a casa d Pedro en donde cura a su suegra;
tercero, a la puerta del sol, es decir, a la finalización del descanso sabático
“le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba
a la puerta”.
Muy de madrugada, antes del
amanecer, “se levantó, salió, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar”
Marcos 1,21-37).
Jesús cura a la suegra de
Pedro
Jesús curó en la casa de
Pedro a la suegra del Apóstol “que
estaba en cama con fiebre”. “El se acercó, la cogió de la mano y la levantó. La
fiebre le desapareció y se puso a servirles” (Marcos 1.29-31). La fiebre era
interpretada por los rabinos como un fuego que bebe y no come, que quema los
huesos (levítico 26,16). Se le atribuía un origen diabólico, de ahí la fórmula
de Lucas: “Increpó a la fiebre y la calentura desapareció” (Lucas 4.39).
La suegra curada, se puso a
servirles con todo el calor de la hospitalidad oriental. Todavía hoy las
mujeres hebreas preparan el viernes por
la mañana, o sea, antes de iniciarse el descanso sabático, la cena del viernes
y la comida del sábado, ya que en sábado no está permitido encender fuego. La
suegra “les servía”, dice el texto original. El tiempo imperfecto del verbo
indica que les servía no solo al principio sino durante toda la comida.
El servicio es un término
cargado de significado en el Nuevo Testamento. Con la palabra servir, la
Iglesia primitiva interpretaba el amor fraterno: “No amemos de palabra ni con
la boca, sino con hechos y de verdad” (1 Juan 3,18). El servicio es la
característica de Jesús, dejada en herencia a sus discípulos, El P. Fréderic
Manns, director del Estudio Bíblico de la Flagelación, no duda en definir a la
suegra de Pedro como la primera diaconisa del Nuevo Testamento por haber
servido al Señor.
Pía Compagnoni












