"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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domingo, 5 de junio de 2022

PDF FOLLETO "Asesinatos intencionales de sacerdotes"

 

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miércoles, 31 de octubre de 2018

Asia Bibi declarada inocente del delito de blasfemia por el Supremo de Pakistán

El Supremo de Pakistán declara inocente a Asia Bibi del delito de blasfemia

La decisión establece que Asia Bibi es inocente y que fue acusada en falso por un supuesto delito de blasfemia contra el profeta Mahoma. El peligro ahora está en sacar con vida a Asia Bibi de la cárcel, debido a las presiones de los grupos cristianofóbicos islamistas radicales que existen en Pakistán.

El Tribunal Supremo de Pakistán anuló hoy 31 de octubre de 2018 la sentencia contra Asia Bibi, una mujer cristiana condenada a muerte por blasfemia cuya última vista había tenido lugar el 8 de octubre pasado y que había ordenando su liberación si no está acusada de ningún otro delito. 

El comité, integrado por tres jueces, anunció en la vista del 8 de octubre que "se reservaba el veredicto hasta una fecha no especificada" y reclamó a los medios de comunicación "que no debatan el tema hasta que haya un fallo". 

El abogado de Asia Bibi, Saiful Muluk, puso en duda durante aquella vista la credibilidad de varios de los testigos contra la acusada y sostuvo que mintieron o que sus declaraciones no se sustentan con las pruebas presentadas o son contradictorias entre sí.

El esposo de Asia Bibi, Ashiq Masih, saluda al Papa Francisco en El Vaticano.
Bibi fue condenada bajo la falsa acusación de "hacer comentarios despectivos sobre el islam" después que unos vecinos se quejaran de que "bebiera agua de su vaso porque no era musulmana". 

La mujer siempre ha negado haber blasfemado y sus representantes han defendido que mantenía una disputa con sus vecinos y que quienes la acusaron se han contradicho. 

Su caso despertó una ola de solidaridad en los cristianos de todo el mundo y ha sido una fuente de división en Pakistán, donde dos políticos que buscaron ayudar a Bibi fueron asesinados, incluido el gobernador de Punyab, Salman Tasir, asesinado por su propio guardaespaldas y el ministro de minorías, Shabbaz Batti. 

Durante la jornada del 8 de octubre, el partido cristianofóbico, fanático y ultrarreligioso Tehrik-e-Labaik Pakistan (TLP), que tiene en el castigo de la blasfemia uno de sus principales objetivos e idolatra al guardaespaldas asesino de Tasir, amenazó al Supremo Tribunal en contra de cualquier “concesión o indulgencia” para Bibi. “Si hay un intento de entregarla a otro país, habrá terribles consecuencias”, amenazaron. 

Insultar al profeta Mahoma es punible con la muerte en virtud de la legislación paquistaní y las acusaciones de blasfemia provocan tales emociones que es casi imposible defenderse de ellas. Decenas de personas han sido asesinadas tras falsas acusaciones de blasfemia, en ocasiones por turbas fanáticas. 

La resolución del Tribunal Supremo es clave, dado que, como manifestó el abogado de AsiaBibi, en marzo de este año: "la posibilidad de un indulto presidencial era impensable". 

Ahora queda lo más difícil. Lograr que Asia Bibi salga con seguridad del país, donde las presiones de los grupos fanáticos y cristianofóbicos de islamistas radicales sin duda se van a hacer notar. “Mi madre confía en poder vivir en España.

En noviembre de 2016, durante el I Congreso Todos Somos Nazarenos organizado por la plataforma Mas Libres ORG, Eisham Ashiq, hija de Asia Bibi, expresó el deseo de su madre de "poder vivir en España cuando fuera liberada". Mas Libres ORG propició el primer encuentro del marido de Asia Bibi con el Papa Francisco, que tuvo lugar durante una audiencia general en la Plaza de San Pedro.

La plataforma ha realizado a lo largo de los años de cautiverio de Asia Bibi numerosas gestiones con el Gobierno de España para facilitar una posible llegada de la familia a nuestro país, huyendo de la imposición islamista radical. 

El abogado de Asia Bibi ha reconocido en conversación con Actuall que esta presión del fanatismo cristianofóbico islamista es “tremenda”, pero que ha recibido con mucha satisfacción la decisión del Tribunal.




martes, 14 de enero de 2014

Audio Conferencia: Ataques a la Iglesia en la Argentina por el peronismo Kirchnerista (año 2006)



La Argentina no puede ser concebida según la verdad de la historia si no es unida a la fe católica.
Pero por otro lado la fe católica en Argentina es actualmente una realidad sistemáticamente atacada. Realidad que expondrá detenidamente el doctor Verdera llegando a afirmar que la política actual es manifiestamente anti-católica.
Conferencia dictada en el marco del curso de Universitarios del año 2006 en San Rafael, Argentina.

Hugo Alberto Verder: Abogado y escribano. Egresado de la universidad nacional de córdoba. Doctor en derecho y ciencias sociales por la misma universidad. Ha cursado estudios superiores de filosofía, teología, sociología e historia.

Ha sido titular de teología 1 y 2 en la facultad de ciencias económicas de la universidad del salvador habiendo dictado doctrina social de la Iglesia en la misma facultad. Ha sido docente en la universidad Católica Argentina como profesor de filosofía del derecho natural en la carrera de abogacía de la facultad de derecho y ciencias políticas, profesor adjunto de teología 3 en la escuela de ciencias políticas de la misma facultad y en la carrera de economía y administración de empresas en la facultad de ciencias económicas, pro-titular ordinario de ética profesional en abogacía de la facultad de derecho y ciencias políticas.
 Es miembro de la comisión directiva de la sociedad argentina tomista.

jueves, 26 de diciembre de 2013

PDF Ángelus 26 de diciembre de 2013 - Fiesta de San Esteban Protomártir


FIESTA DE SAN ESTEBAN PROTOMÁRTIR
PAPA FRANCISCO
ÁNGELUS 
Plaza de San Pedro
Jueves 26 de diciembre de 2013

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sábado, 30 de noviembre de 2013

PDF Discurso de S.S. Francisco a la Peregrinación de la Iglesia Greco-Melquita


DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
 A LA PEREGRINACIÓN DE LA IGLESIA GRECO-MELQUITA


Sala Clementina
Sábado 30 de noviembre de 2013
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martes, 23 de abril de 2013

PDF Homilía S.S. Fracisco en Misa con Cardenales residentes en Roma Fiesta de San Jorge 23 de abril de 2013

CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
CON LOS SEÑORES CARDENALES RESIDENTES EN ROMA
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN JORGE
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Capilla Paulina
Martes, 23 de abril de 2013


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lunes, 14 de enero de 2013

Libertad de religión: Los 50 países que más persiguen a los cristianos

(Clic en la foto para ampliar)


Open Doors acaba de publicar el informe anual –2012– sobre la persecución de los cristianos en el mundo, llama la atención el terrorífico ranking de países. La organización evangélica desempeña una labor sensacional «sirviendo a los cristianos perseguidos», en especial a esos que viven «donde la fe cuesta lo máximo».

Los datos están basados en «agentes de campo», «enviados especiales» y testimonios comprobados. El grado de fiabilidad es alto. Lógicamente su ámbito de actuación son los cristianos evangélicos pero recoge casos de todas las «denominaciones». Persecución por motivo de la fe, excluyen las causas políticas, económicas, raciales,… Los datos que proporcionan concuerdan con los que suministra Fides y otras organizaciones católicas.

El denominador común es que la violencia contra los cristianos se ejerce en nombre del Islam o del socialismo, ya sea por parte del Estado o de organizaciones terroristas, como las FARC, que hacen entrar a Colombia en la lista. Asia acoge a 31 países de la lista, con Corea del Norte a la cabeza, África a 18 y Sudamérica a 1. 


Extrema Severa Moderada Ocasional
1 Corea del Norte
2 Arabia Saudí
3 Afganistán
4 Irak
5 Somalia
6 Maldivas
7 Mali
8 Irán
9 Yemen
10 Eritrea
11 Siria
12 Sudán
13 Nigeria
14 Paquistán
15 Etiopía
16 Uzbekistán
17 Libia
18 Laos
19 Turkmenistán
20 Catar
21 Vietnam
22 Omán
23 Mauritania
24 Tanzania
25 Egipto
26 Emiriatos Árabes Unidos
27 Brunei
28 Bután
29 Argelia
30 Tunez
31 India
32 Birmania
33 Kuwait
34 Jordania
35 Baréin
36 Palestina
37 China
38 Azerbaiyán
39 Marruecos
40 Kenia
41 Las Comoras
42 Malasia
43 Yibuti
44 Tayikistán
45 Indonesia
46 Colombia
47 Uganda
48 Kazajistán
49 Kirguistán
50 Níger

Sería impresentable que acabasen estas líneas sin pedir que recemos por todos esos hermanos asesinados por creer en Cristo, y por la conversión de los verdugos.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la 46 Jornada Mundial de la Paz 2013 (1-1-2013)

BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ



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1. Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. En esta perspectiva, pido a Dios, Padre de la humanidad, que nos conceda la concordia y la paz, para que se puedan cumplir las aspiraciones de una vida próspera y feliz para todos.

Trascurridos 50 años del Concilio Vaticano II, que ha contribuido a fortalecer la misión de la Iglesia en el mundo, es alentador constatar que los cristianos, como Pueblo de Dios en comunión con él y caminando con los hombres, se comprometen en la historia compartiendo las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias[1], anunciando la salvación de Cristo y promoviendo la paz para todos.


En efecto, este tiempo nuestro, caracterizado por la globalización, con sus aspectos positivos y negativos, así como por sangrientos conflictos aún en curso, y por amenazas de guerra, reclama un compromiso renovado y concertado en la búsqueda del bien común, del desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre.

Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado. Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres.

Y, sin embargo, las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación innata de la humanidad hacia la paz. El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. En otras palabras, el deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con el derecho y el deber a un desarrollo integral, social, comunitario, que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios.

Todo esto me ha llevado a inspirarme para este mensaje en las palabras de Jesucristo: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

La bienaventuranza evangélica 

2. Las bienaventuranzas proclamadas por Jesús (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23) son promesas. En la tradición bíblica, en efecto, la bienaventuranza pertenece a un género literario que comporta siempre una buena noticia, es decir, un evangelio que culmina con una promesa. Por tanto, las bienaventuranzas no son meras recomendaciones morales, cuya observancia prevé que, a su debido tiempo –un tiempo situado normalmente en la otra vida–, se obtenga una recompensa, es decir, una situación de felicidad futura. La bienaventuranza consiste más bien en el cumplimiento de una promesa dirigida a todos los que se dejan guiar por las exigencias de la verdad, la justicia y el amor. Quienes se encomiendan a Dios y a sus promesas son considerados frecuentemente por el mundo como ingenuos o alejados de la realidad. Sin embargo, Jesús les declara que, no sólo en la otra vida sino ya en ésta, descubrirán que son hijos de Dios, y que, desde siempre y para siempre, Dios es totalmente solidario con ellos. Comprenderán que no están solos, porque él está a favor de los que se comprometen con la verdad, la justicia y el amor. Jesús, revelación del amor del Padre, no duda en ofrecerse con el sacrificio de sí mismo. Cuando se acoge a Jesucristo, Hombre y Dios, se vive la experiencia gozosa de un don inmenso: compartir la vida misma de Dios, es decir, la vida de la gracia, prenda de una existencia plenamente bienaventurada. En particular, Jesucristo nos da la verdadera paz que nace del encuentro confiado del hombre con Dios.

La bienaventuranza de Jesús dice que la paz es al mismo tiempo un don mesiánico y una obra humana. En efecto, la paz presupone un humanismo abierto a la trascendencia. Es fruto del don recíproco, de un enriquecimiento mutuo, gracias al don que brota de Dios, y que permite vivir con los demás y para los demás. La ética de la paz es ética de la comunión y de la participación. Es indispensable, pues, que las diferentes culturas actuales superen antropologías y éticas basadas en presupuestos teórico-prácticos puramente subjetivistas y pragmáticos, en virtud de los cuales las relaciones de convivencia se inspiran en criterios de poder o de beneficio, los medios se convierten en fines y viceversa, la cultura y la educación se centran únicamente en los instrumentos, en la tecnología y la eficiencia. Una condición previa para la paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral y del presupuesto de una moral totalmente autónoma, que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre. La paz es la construcción de la convivencia en términos racionales y morales, apoyándose sobre un fundamento cuya medida no la crea el hombre, sino Dios: « El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz », dice el Salmo 29 (v. 11).

La paz, don de Dios y obra del hombre
 

3. La paz concierne a la persona humana en su integridad e implica la participación de todo el hombre. Se trata de paz con Dios viviendo según su voluntad. Paz interior con uno mismo, y paz exterior con el prójimo y con toda la creación. Comporta principalmente, como escribió el beato Juan XXIII en la Encíclica Pacem in Terris, de la que dentro de pocos meses se cumplirá el 50 aniversario, la construcción de una convivencia basada en la verdad, la libertad, el amor y la justicia[2]. La negación de lo que constituye la verdadera naturaleza del ser humano en sus dimensiones constitutivas, en su capacidad intrínseca de conocer la verdad y el bien y, en última instancia, a Dios mismo, pone en peligro la construcción de la paz. Sin la verdad sobre el hombre, inscrita en su corazón por el Creador, se menoscaba la libertad y el amor, la justicia pierde el fundamento de su ejercicio.

Para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso, mediante el cual se implora la redención que su Hijo Unigénito nos ha conquistado. Así podrá el hombre vencer ese germen de oscuridad y de negación de la paz que es el pecado en todas sus formas: el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y las estructuras injustas.

La realización de la paz depende en gran medida del reconocimiento de que, en Dios, somos una sola familia humana. Como enseña la Encíclica Pacem in Terris, se estructura mediante relaciones interpersonales e instituciones apoyadas y animadas por un « nosotros » comunitario, que implica un orden moral interno y externo, en el que se reconocen sinceramente, de acuerdo con la verdad y la justicia, los derechos recíprocos y los deberes mutuos. La paz es un orden vivificado e integrado por el amor, capaz de hacer sentir como propias las necesidades y las exigencias del prójimo, de hacer partícipes a los demás de los propios bienes, y de tender a que sea cada vez más difundida en el mundo la comunión de los valores espirituales. Es un orden llevado a cabo en la libertad, es decir, en el modo que corresponde a la dignidad de las personas, que por su propia naturaleza racional asumen la responsabilidad de sus propias obras[3].

La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible. Nuestros ojos deben ver con mayor profundidad, bajo la superficie de las apariencias y las manifestaciones, para descubrir una realidad positiva que existe en nuestros corazones, porque todo hombre ha sido creado a imagen de Dios y llamado a crecer, contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo. En efecto, Dios mismo, mediante la encarnación del Hijo, y la redención que él llevó a cabo, ha entrado en la historia, haciendo surgir una nueva creación y una alianza nueva entre Dios y el hombre (cf. Jr 31,31-34), y dándonos la posibilidad de tener « un corazón nuevo » y « un espíritu nuevo » (cf. Ez 36,26).

Precisamente por eso, la Iglesia está convencida de la urgencia de un nuevo anuncio de Jesucristo, el primer y principal factor del desarrollo integral de los pueblos, y también de la paz. En efecto, Jesús es nuestra paz, nuestra justicia, nuestra reconciliación (cf. Ef 2,14; 2Co 5,18). El que trabaja por la paz, según la bienaventuranza de Jesús, es aquel que busca el bien del otro, el bien total del alma y el cuerpo, hoy y mañana.

A partir de esta enseñanza se puede deducir que toda persona y toda comunidad –religiosa, civil, educativa y cultural– está llamada a trabajar por la paz. La paz es principalmente la realización del bien común de las diversas sociedades, primarias e intermedias, nacionales, internacionales y de alcance mundial. Precisamente por esta razón se puede afirmar que las vías para construir el bien común son también las vías a seguir para obtener la paz.

Los que trabajan por la paz son quienes aman, defienden
y promueven la vida en su integridad 

4. El camino para la realización del bien común y de la paz pasa ante todo por el respeto de la vida humana, considerada en sus múltiples aspectos, desde su concepción, en su desarrollo y hasta su fin natural. Auténticos trabajadores por la paz son, entonces, los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria y transcendente. La vida en plenitud es el culmen de la paz. Quien quiere la paz no puede tolerar atentados y delitos contra la vida.

Quienes no aprecian suficientemente el valor de la vida humana y, en consecuencia, sostienen por ejemplo la liberación del aborto, tal vez no se dan cuenta que, de este modo, proponen la búsqueda de una paz ilusoria. La huida de las responsabilidades, que envilece a la persona humana, y mucho más la muerte de un ser inerme e inocente, nunca podrán traer felicidad o paz. En efecto, ¿cómo es posible pretender conseguir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o la misma salvaguardia del ambiente, sin que sea tutelado el derecho a la vida de los más débiles, empezando por los que aún no han nacido? Cada agresión a la vida, especialmente en su origen, provoca inevitablemente daños irreparables al desarrollo, a la paz, al ambiente. Tampoco es justo codificar de manera subrepticia falsos derechos o libertades, que, basados en una visión reductiva y relativista del ser humano, y mediante el uso hábil de expresiones ambiguas encaminadas a favorecer un pretendido derecho al aborto y a la eutanasia, amenazan el derecho fundamental a la vida.

También la estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas de unión que, en realidad, dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel insustituible en la sociedad.

Estos principios no son verdades de fe, ni una mera derivación del derecho a la libertad religiosa. Están inscritos en la misma naturaleza humana, se pueden conocer por la razón, y por tanto son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia al promoverlos no tiene un carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Esta acción se hace tanto más necesaria cuanto más se niegan o no se comprenden estos principios, lo que es una ofensa a la verdad de la persona humana, una herida grave inflingida a la justicia y a la paz.

Por tanto, constituye también una importante cooperación a la paz el reconocimiento del derecho al uso del principio de la objeción de conciencia con respecto a leyes y medidas gubernativas que atentan contra la dignidad humana, como el aborto y la eutanasia, por parte de los ordenamientos jurídicos y la administración de la justicia.

Entre los derechos humanos fundamentales, también para la vida pacífica de los pueblos, está el de la libertad religiosa de las personas y las comunidades. En este momento histórico, es cada vez más importante que este derecho sea promovido no sólo desde un punto de vista negativo, como libertad frente –por ejemplo, frente a obligaciones o constricciones de la libertad de elegir la propia religión–, sino también desde un punto de vista positivo, en sus varias articulaciones, como libertad de, por ejemplo, testimoniar la propia religión, anunciar y comunicar su enseñanza, organizar actividades educativas, benéficas o asistenciales que permitan aplicar los preceptos religiosos, ser y actuar como organismos sociales, estructurados según los principios doctrinales y los fines institucionales que les son propios. Lamentablemente, incluso en países con una antigua tradición cristiana, se están multiplicando los episodios de intolerancia religiosa, especialmente en relación con el cristianismo o de quienes simplemente llevan signos de identidad de su religión.

El que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales. Estos derechos y deberes han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros, empezando por los civiles y políticos.

Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. Esto se debe a que, cada vez más, el trabajo y el justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no están adecuadamente valorizados, porque el desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. El trabajo es considerado una mera variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. A este propósito, reitero que la dignidad del hombre, así como las razones económicas, sociales y políticas, exigen que « se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan »[4]. La condición previa para la realización de este ambicioso proyecto es una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad. A este bien corresponde un deber y un derecho que exigen nuevas y valientes políticas de trabajo para todos.

Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía
 

5. Actualmente son muchos los que reconocen que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Tanto el desarrollo integral, solidario y sostenible, como el bien común, exigen una correcta escala de valores y bienes, que se pueden estructurar teniendo a Dios como referencia última. No basta con disposiciones de muchos medios y una amplia gama de opciones, aunque sean de apreciar. Tanto los múltiples bienes necesarios para el desarrollo, como las opciones posibles deben ser usados según la perspectiva de una vida buena, de una conducta recta que reconozca el primado de la dimensión espiritual y la llamada a la consecución del bien común. De otro modo, pierden su justa valencia, acabando por ensalzar nuevos ídolos.

Para salir de la actual crisis financiera y económica – que tiene como efecto un aumento de las desigualdades – se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad. Desde otra perspectiva, sin embargo, el éxito auténtico y duradero se obtiene con el don de uno mismo, de las propias capacidades intelectuales, de la propia iniciativa, puesto que un desarrollo económico sostenible, es decir, auténticamente humano, necesita del principio de gratuidad como manifestación de fraternidad y de la lógica del don[5]. En concreto, dentro de la actividad económica, el que trabaja por la paz se configura como aquel que instaura con sus colaboradores y compañeros, con los clientes y los usuarios, relaciones de lealtad y de reciprocidad. Realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Se encuentra así trabajando no sólo para sí mismo, sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo digno.

En el ámbito económico, se necesitan, especialmente por parte de los estados, políticas de desarrollo industrial y agrícola que se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático. Es fundamental e imprescindible, además, la estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales; éstos han de ser estabilizados y mejor coordinados y controlados, de modo que no se cause daño a los más pobres. La solicitud de los muchos que trabajan por la paz se debe dirigir además – con una mayor resolución respecto a lo que se ha hecho hasta ahora – a atender la crisis alimentaria, mucho más grave que la financiera. La seguridad de los aprovisionamientos de alimentos ha vuelto a ser un tema central en la agenda política internacional, a causa de crisis relacionadas, entre otras cosas, con las oscilaciones repentinas de los precios de las materias primas agrícolas, los comportamientos irresponsables por parte de algunos agentes económicos y con un insuficiente control por parte de los gobiernos y la comunidad internacional. Para hacer frente a esta crisis, los que trabajan por la paz están llamados a actuar juntos con espíritu de solidaridad, desde el ámbito local al internacional, con el objetivo de poner a los agricultores, en particular en las pequeñas realidades rurales, en condiciones de poder desarrollar su actividad de modo digno y sostenible desde un punto de vista social, ambiental y económico.

La educación a una cultura de la paz:
el papel de la familia y de las instituciones 

6. Deseo reiterar con fuerza que todos los que trabajan por la paz están llamados a cultivar la pasión por el bien común de la familia y la justicia social, así como el compromiso por una educación social idónea.

Ninguno puede ignorar o minimizar el papel decisivo de la familia, célula base de la sociedad desde el punto de vista demográfico, ético, pedagógico, económico y político. Ésta tiene como vocación natural promover la vida: acompaña a las personas en su crecimiento y las anima a potenciarse mutuamente mediante el cuidado recíproco. En concreto, la familia cristiana lleva consigo el germen del proyecto de educación de las personas según la medida del amor divino. La familia es uno de los sujetos sociales indispensables en la realización de una cultura de la paz. Es necesario tutelar el derecho de los padres y su papel primario en la educación de los hijos, en primer lugar en el ámbito moral y religioso. En la familia nacen y crecen los que trabajan por la paz, los futuros promotores de una cultura de la vida y del amor[6].

En esta inmensa tarea de educación a la paz están implicadas en particular las comunidades religiosas. La Iglesia se siente partícipe en esta gran responsabilidad a través de la nueva evangelización, que tiene como pilares la conversión a la verdad y al amor de Cristo y, consecuentemente, un nuevo nacimiento espiritual y moral de las personas y las sociedades. El encuentro con Jesucristo plasma a los que trabajan por la paz, comprometiéndoles en la comunión y la superación de la injusticia.

Las instituciones culturales, escolares y universitarias desempeñan una misión especial en relación con la paz. A ellas se les pide una contribución significativa no sólo en la formación de nuevas generaciones de líderes, sino también en la renovación de las instituciones públicas, nacionales e internacionales. También pueden contribuir a una reflexión científica que asiente las actividades económicas y financieras en un sólido fundamento antropológico y ético. El mundo actual, particularmente el político, necesita del soporte de un pensamiento nuevo, de una nueva síntesis cultural, para superar tecnicismos y armonizar las múltiples tendencias políticas con vistas al bien común. Éste, considerado como un conjunto de relaciones interpersonales e institucionales positivas al servicio del crecimiento integral de los individuos y los grupos, es la base de cualquier educación a la auténtica paz.

Una pedagogía del que trabaja por la paz 

7. Como conclusión, aparece la necesidad de proponer y promover una pedagogía de la paz. Ésta pide una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados. En efecto, las iniciativas por la paz contribuyen al bien común y crean interés por la paz y educan para ella. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia. Es fundamental que se cree el convencimiento de que « hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fi n, perdonar »[7],de modo que los errores y las ofensas puedan ser en verdad reconocidos para avanzar juntos hacia la reconciliación. Esto supone la difusión de una pedagogía del perdón. El mal, en efecto, se vence con el bien, y la justicia se busca imitando a Dios Padre que ama a todos sus hijos (cf. Mt 5,21-48). Es un trabajo lento, porque supone una evolución espiritual, una educación a los más altos valores, una visión nueva de la historia humana. Es necesario renunciar a la falsa paz que prometen los ídolos de este mundo y a los peligros que la acompañan; a esta falsa paz que hace las conciencias cada vez más insensibles, que lleva a encerrarse en uno mismo, a una existencia atrofiada, vivida en la indiferencia. Por el contrario, la pedagogía de la paz implica acción, compasión, solidaridad, valentía y perseverancia.

Jesús encarna el conjunto de estas actitudes en su existencia, hasta el don total de sí mismo, hasta « perder la vida » (cf. Mt 10,39; Lc 17,33; Jn 12,35). Promete a sus discípulos que, antes o después, harán el extraordinario descubrimiento del que hemos hablado al inicio, es decir, que en el mundo está Dios, el Dios de Jesús, completamente solidario con los hombres. En este contexto, quisiera recordar la oración con la que se pide a Dios que nos haga instrumentos de su paz, para llevar su amor donde hubiese odio, su perdón donde hubiese ofensa, la verdadera fe donde hubiese duda. Por nuestra parte, junto al beato Juan XXIII, pidamos a Dios que ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que se esfuerzan por el justo bienestar de sus ciudadanos, aseguren y defiendan el don hermosísimo de la paz; que encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz[8].

Con esta invocación, pido que todos sean verdaderos trabajadores y constructores de paz, de modo que la ciudad del hombre crezca en fraterna concordia, en prosperidad y paz.

Vaticano, 8 de diciembre de 2012



BENEDICTUS PP. XVI







[1] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Cost. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 1.

[2] Cf. Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963): AAS 55 (1963), 265-266.

[3] Cf. ibíd.: AAS 55 (1963), 266.

[4] Carta enc., Caritas in veritate (29 junio 2009), 32: AAS 101 (2009), 666-667.

[5] Cf. ibíd., 34. 36: AAS 101 (2009), 668-670; 671-672.

[6] Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1994 (8 diciembre 1993), 2: AAS 86 (1994), 156-162.


[8] Cf. Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963): AAS 55 (1963), 304.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Unidos a los hermanos perseguidos - Punto de vista


Programa punto de vista del 12 de noviembre de 2012

viernes, 24 de agosto de 2012

Martirio de catolicos de rito Caldeo en irak - Punto de Vista


Parte 1
Parte 2
 

China y el Vaticano La Iglesia Patriotica - punto de vista

Uniones homosexuales - punto de vista

jueves, 8 de marzo de 2012

Los ataques al Papa y la Iglesia - Punto de vista

 
Programa punto de vista del 08 de marzo de 2012

miércoles, 18 de enero de 2012

El odio a la religion - Punto de vista


Programa punto de vista del 18 de enero de 2012

lunes, 5 de diciembre de 2011

Los ataques a los catolicos - Punto de vista



programa punto de vista del 5 de diciembre de 2011

martes, 3 de julio de 2007

La Iglesia en China - Criterios

 
Programa Criterios del 3 de julio de 2007

viernes, 15 de septiembre de 2006

Benedicto XVI en Alemania 2006 - punto de vista

 
Programas Punto de Vista  Del 9 al 14 de septiembre de 2006

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